El Adiós se llena, el agradecimiento lo vacía…

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Cuantas
veces ha escuchado que la gente va y dice, – “nada es para siempre”, cuantas
veces ha deseado que este tipo de palabras no rompan más aquella existencia
rota. La premisa es aprender a decir adiós en el momento adecuado. Si, el adiós
es una de las decisiones más dolorosas, que conforman un vacio lleno de
sufrimiento, que quizá con el tiempo provoque el arrepentimiento.

Nada
es comparable, todo se reduce a una palabra con una connotación inconsolable. El
adiós es una puerta prohibida que se abre tantas veces, y que tantas heridas te
impactan de frente.

Miles
de palabras se refugian en la mente, escupiendo hacia la gente aquello que se
siente, cargando un maletero con miles de recuerdos, inclusive de aquellas
batallas que se perdían, creyendo en el peso de los actos, escribiendo como si
fuera un testamento, olvidando el lamento.

El
papel se llena, el alma se vacía, las palabras, la confianza son cosas que
constituyen vínculos que nos ataron, ayudando al indefenso, tomando la mano del
que se encontraba en el desastre más profundo. El dolor, la belleza, los lazos
que retumbaron son los océanos de versos que guardaba el rencor, caminos que no
encontraban un perdón, estorbando la paz que vivía en tu interior. 

Para
mi es sencillo, la vida es un instante que se debe vivir al límite, la vida es
un reto que busca romper con lo misantrópico, aunque el adiós sea un desastre
del desastre, perdiendo placeres por ganar un trofeo.

Desde
mis primeras frases hasta mi último suspiro, rescato acciones de valentía de
aquellos que confiaron, teniendo hambre de crecer, de mejorar, de luchar por el
reencuentro, dándole un sentido a aquellas palabras vacías.

Un
te quiero, un hasta luego, un porque, es lo que se escribe en aquella página en
blanco. Redactando en el sollozo, caminando hacia la salida de ese tenebroso ático.
Disparando en silencio, los recuerdos con los que hoy me encuentro.

El
adiós se llena, el agradecimiento lo vacía, aquella tarde en Junio, la
oportunidad se abrió, recuerdo que en la puerta el primer paciente llegó, con
cara de asustado, su confianza me deposito. Así es como la aventura principió,
concediendo su futuro en función a la forma que percibía su mundo.

Gracias
por cambiar mi mundo, por cambiar mi rumbo, por aprender y enseñar, por hablar
y escuchar, por creer y confiar.

Observando
en mis pensamientos, percibo sus mundos, entiendo que ahora estoy listo para
dejarlos volar, para soltarlos, es su momento de caminar. Agradeciendo los instantes,
teniendo claras mis ideas, recuerda quien eres, no te sabotees, cuando sientes
que estas inmerso en el universo de los anhelos.

Todo
el tiempo se conecta, en una red perfecta, no me vean como un dolor
interminable, pues solo soy una feliz cicatriz. Yo solo busco ser una historia
que debe ser contada, una historia que no se esconde.

Gracias
por darme más por menos, gracias por permitirme ser parte de ti y tu constituir
parte de mi.

Gracias
por aprender con mi ausencia, y no olvidar mi presencia….