Día uno sin ti…

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Estabas raro, ausente… Ya no había interés ni ganas de tu parte para estar conmigo, ya no te importaba si estaba o no, un mensaje o una llamada eran mucho para ti; traté de pensar qué te ocurría, tal vez algún problema o tal vez simplemente te cansaste de mí.

Esperé pacientemente algún detalle tuyo, que nunca llegó; las cosas cambiaban, tú estabas cambiando, sin embargo, yo no quería que pasara nada que arruinara lo que teníamos, tenía la esperanza de que si hablábamos todo se arreglaría. Que cuando aparecieras detrás de la puerta y tocaras el timbre, te daría un gran beso y estaríamos bien.

El tiempo pasaba lento, mi impaciencia incrementaba y tu ausencia se hacía cada vez más presente. Aquella noche me quedé sola esperando tu llegada, mientras los segundos pasaban pensaba que tal vez algo te había pasado, pero tu estado de “en línea” mostraba que no era así.

Por más explicaciones que buscaba no entendía porqué no llamabas o enviabas un mensaje para que supiera que estábamos bien, mi mente traicionera me culpaba a mí de todo, mi alma se sentía vacía y yo sólo quería entender, poder verte y escuchar tu voz.

Triste y sola, terminé dormida soñando contigo y abrazando tu ausencia…

 Mi primer día sin ti el primero de muchos, el primero de todos.