Despertar.

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Un día, cuando abrió los ojos al despertar, pensó que quizás no era la misma de antes.
No le pareció absurdo, después de todo por lo que había pasado en los últimos meses. Tras toda esa tristeza, esa mañana no se sentía triste, y decidió que ya no iba a estarlo nunca más. Así, sin más.
Estaba convencida de que por fin había superado todo aquello que frenaba su vida y que, justo a partir de ese momento, no volvería a ser nunca más la chica de ojos tristes y grises.
Y se vistió de colores, salió a la calle despeinada y con una sonrisa. Porque ya nada importaba. Solo ella. No volvería a escuchar las opiniones negativas de los demás. Pensaba sonreír al mundo aunque se empeñara en hacerla caer otra vez.
Había perdido mucho tiempo en su vida esperando que las cosas cambiasen, pero sin hacer nada para conseguirlo. Hasta ahora.
Se sentía tan distinta, casi como si volara, como si no fuese ella. Parecía que estaba viendo su vida desde fuera, podía adelantarse a los acontecimientos, evitar todas las decepciones que intentaban dar con ella.
Lo estaba consiguiendo. Era feliz, por primera vez en mucho tiempo. Ahora tenía la certeza de que las cosas empezarían a ir bien.
Y esta vez despertó de verdad, con lágrimas recorriendo sus mejillas.