Desde mi escritorio…

0

Han pasado algunas horas desde que nos despedimos, no puedo olvidar tu sonrisa, tus manos, ese majestuoso cabello del que tanto te enorgulleces… No dejo de pensarte. Mi lápiz está agotado de escribir en el borde de la hoja, los tenis descansan ya en la entrada de la alcoba, al parecer están hartos de recorrer siempre el mismo camino, mi paraguas escurre, después de la tormenta preferiría haberse quedado en casa y no acompañarme, del cabello caen gotas finas, rezagos de lluvia atrapados en cada cadejo. No dejo de sorprenderme.

Un helado no nos habría caído mal mientras hubo sol, sin embargo, estábamos en clase; hoy te veías tan bien. Al salir de la primera hora fuimos por un café, tu favorito: un capuccino vainilla, el mío: un mokachino. Juntos nos sentamos a mirar cómo la neblina se levantaba suavemente con el murmullo del amanecer, emitías una ternura inmensa al bostezar, no pude quitar la vista de ti, hasta que sonreíste, comprendí por qué, todo este tiempo no he podido prescindir de esa existencia tuya. Me pusiste de nervios al abrazarme, por momentos me sentí irremediablemente feliz, ahogarme en ti sería la experiencia más exquisita del mundo, pero tus labios pronunciaron de nuevo su nombre. Estaba consciente otra vez.

escrib

Por momentos me das el cielo, luego me bajas de golpe a tierra con palabras. Estoy consciente de que, el sentimiento mediador entre tú y yo, se llama amistad, y eso duele… Tal vez porque me has hecho pensar, todo este tiempo, que me correspondes, o tal vez porque mi cariño hacia ti es tan egoísta que no admite a alguien más en tu vida.

Dibujo nuevamente un instante a tu lado, el papel marquilla ha comenzado a humedecerse. De los bolígrafos escurren lágrimas por esta hoja de papel… ¡Cuánto sufre una persona ante un sentimiento callado! Temo tanto que vuelvas a herirme con las palabras de «sólo amistad»; por eso estoy ahora sentada, mirando por la ventana a todas esas gotas que mueren al impactarse contra el suelo, escucho el rumor de la lluvia y espero que el gris del cielo se cambie por un azul deslumbrante, sabiendo la imposibilidad de esto.

Y así se siente esto por ti: como una esperanza cayendo al infinito de la melancolía. Muero en la frialdad de mi escritorio, recuerdos me asfixian…

¿A esto se le llama amar a tu mejor amiga?