Dentro del submundo… El inicio

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Capítulo 2.

—Señorita por favor prosiga— Era la voz del juez indicándome que siguiera con mi relato; aclaré mi voz de forma un tanto exagerada y proseguí.

—Bueno su señoría como iba narrando, vi una luz al final del túnel creí que era mi fin, llevaba mis ojos cerrados, tenía miedo debo admitir y como si de una escupida se tratase, salí del túnel. Abrí mis ojos y me sentí como un ave volando, lo malo es que como puede ver no tengo alas y como la ley de la gravedad lo dice “todo lo que sube debe bajar”; comencé a caer en picada a lo que parecía un río, la caída me dolió di de cara contra el agua. Es más como ve aun me arde mi nariz del impacto, con las pocas fuerzas que me quedaban nade hasta la orilla y decidí descansar ya luego pensaría y lidiaría con la confusión de que fue lo que exactamente ocurrió.

Más tarde fui dulcemente despertada con el fuerte sonido de lo que parece una flauta y al abrir mis ojos me topé con una criatura inclinada hacia mí invadiendo mi espacio personal la cual me alzo, me trajo aquí y así fue como acabe en este sitio su señoría. —

Acabe de narrar y para que mentir no podía dejar de observar cada detalle de mis captores, realmente eran extraños, eran de distintas estaturas era como ver una población normal excepto, por sus cuerpos cubiertos por un largo pelaje blanco con manchas en franjas de color purpura que les hacía ver muy esponjosos; sus ojos eran grandes con la forma de una almendra y del color de las mismas; aun estando de pie permanecían en una posición curva hacia al frente y muy a pesar de tener tanto pelo, en la espalda se apreciaba cada una de sus vertebras. En si su apariencia física es como la de un grupo de osos, pero lo más llamativo y que robaba mi atención es que en vez de tener orejas tenían hojas, hojas grandes  ya sea anchas o largas.

—Ya suficiente daño han causado los seres como ustedes a nuestras tierras, esta corte la sentencia a…— el juez estaba por dictaminar mi condena cuando se vio callado ante la presencia de una mujer que recién entraba al estrado. — Su majestad…— Menciono el juez inclinándose ante la imponente mujer. Ella al contrario del resto se vea como una humana normal de no ser porque al igual que el resto permanecía en esa posición curva mostrando sus vertebras por el escote de su traje, además que las marcas purpuras estaban sobre su blanca piel, sus ojos eran del mismo color que el resto y en vez de orejas tenia hojas de arce.

— Se cuál debe ser la sentencia para un intruso pero todos aquí saben muy bien que la necesitamos. Todos nosotros somos Holus, somos seis tierras, seis clanes y seis generaciones de Holus, la leyenda hoy se cumple ha llegado el sexto humano a nuestras tierras, la carrera por las piedras Ambris comienza. Si ella desaparece solo estamos posponiendo lo inevitable, la necesitamos, la guerra debe comenzar, hemos vivido por seis generaciones intentando evitar esta guerra, pero nuestras tierras mueren, las enemistades entre clanes van más allá de lo que podemos manejar. Ella debe participar. — No comprendía bien a que venía todo esto, pero la voz de la reina era autoritaria, todo me decía que no bromeaba y que yo era parte de esa guerra.

Que podía hacer, obviamente no sabía cómo regresar a casa, yo misma me metí en este embrollo, después de todo si me escape de casa es porque deseaba conseguir la aventura de mi vida, ahora esta me golpeaba con toda su fuerza, no podía decirle que no. — Mi nombre es Fallen Sky Armiento y acepto la misión suicida que me están proponiendo. — De que otra forma podría llamarla. Realmente a veces considero que me falta ese sentido que todo humano tiene, ese que te alerta y te dice que no avances, que seas prudente y retrocedas. Creo que yo nací sin él.

— Fallen, tú irás en busca de tu piedra Ambris en nombre de la tribu Orus. Nosotros te daremos lo necesario para el inicio de tu viaje pero a medida avances dependerás de ti misma. Ten en cuenta que aunque ahora no sabes mucho, camino a encontrar tu Ambris aprenderás más sobre los Holus y que aunque no lo parezca los Holus y los humanos están firmemente unidos, si nosotros caemos la tierra como la conoces dejara de ser. Lamento que debas partir tan deprisa hacia las otras tribus, sin conocimiento alguno del porque ocurre esto; no temas perderte sin mapa, deja que tus pies te guíen a donde tu corazón te lleve porque ahí será a donde necesitas ir. — Esas fueron las palabras de la reina antes de mostrarme la salida. Tras de mi dejaba una bella ciudad, sus edificios eran altos y antiguos si tuviera que compararlo con alguna ciudad diría que era como era como ver a la antigua arabia o como ahora se le conoce Mosh.

Con una especie de mochila blanca la cual supongo fue tejida con el mismo pelaje de los Holus, llena de unas extrañas frutas, una que otra cuerda y una especie de lanza tribal avance hacia lo desconocido. —Si salgo viva de aquí  y logro regresar a la tierra sin duda haré una película sobre esto… ¡seré millonaria! — El trayecto por aquellos manglares era un tanto complicado sus raíces sobresalían mucho, era toda una proeza cruzar y en más de una ocasión casi rasgo mi pijama.

Estaba tan concentrada desatando mi pantalón de la punta de una raíz cuando un fuerte chillido me hizo cubrirme los oído con fuerza — ¿Qué demonios es ese ruido? — Masculle entre dientes y es que ni mis propios pensamientos podía escuchar, baje la cabeza intentando serenarme entre tanto ruido cuando de repente lo vi ahí, bajo mis pies se encontraba la fuente del sonido y palidecí ante lo que vi.