Del sueño a la realidad

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Hace apenas unos meses que terminé una relación que duró lo suficiente como para hacerme pensar que sería «para siempre». Hace ya algunos meses y aunque sigo llorando la ausencia, pienso que poco a poco voy resignándome a que las cosas son como son y no se pueden cambiar, pero sí se pueden obtener algunos aprendizajes y creo que es la parte «positiva» que se puede sacar de un proceso de transición que ha dejado un mal sabor.

Cuando estamos enamorados, tendemos a cometer muchos errores. Supongo que es parte del enamoramiento en el que caemos. Uno de esos errores y me atrevo a afirmar que es de los más comunes, es el hecho de IDEALIZAR a la otra persona, ¡y también pienso que es absolutamente normal! Porque, ¿quién encuentra defectos en la persona amada?

Perdemos la objetividad, nuestros pies dejan de pisar el suelo porque es tan agradable permanecer en esa nube en la que todo luce bonito, los colores son más vivos y simplemente vivimos como en otra realidad, donde todo es hermoso y casi perfecto. Pensamos desde el fondo de nuestro corazón que estaremos para siempre con esa persona y así, un día, resulta que ya le adjudicamos a nuestra pareja el título de «Amor de mi vida».

Sin darnos cuenta, dejamos de ser realistas, olvidamos por completo que todo lo que empieza, no siempre finaliza con ese anhelado «felices para siempre» que en los cuentos de hadas es siempre el cierre de una historia de amor. ¡No! No siempre es así y con esto no quiero decir que ese tipo de amor no existe, porque pienso que es posible que haya en el mundo personas que logran de una u otra manera encontrar esa afinidad que los hace permanecer juntos siempre; el amor real y leal sí existe, supongo que es solamente cuestión de saber identificar y elegir a la persona que sea merecedora de este tipo de amor.

Cuando estamos enamorados, solemos crearnos expectativas muy altas de nuestra pareja y de nuestra relación en general; nos creamos nuestros castillos en el aire, pero no nos ponemos a pensar en las posibilidades de que las cosas no sean como esperamos y entonces, cuando eso llega a suceder, es muy frustrante, decepcionante y doloroso para el alma, darse cuenta y aceptar que todo fue algo «inventado» por nuestra imaginación y ayudado por los deseos de poder tener ese amor soñado. Caernos de nuestra nube sí que duele.

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No pretendo demeritar a quien en su momento me hizo feliz, tampoco me arrepiento de cada momento vivido con él, todos y cada uno de los días a su lado fueron significativos, vivimos de todo y he decidido quedarme con los recuerdos de los momentos buenos, aunque a final de cuentas, todo eso sale sobrando cuando se ha decidido que algo ya no debe continuar más.

Esa persona especial con la que compartí muchos años de mi vida, simplemente decidió que lo mejor era ir tras sus planes y sus proyectos, fue a buscar lo que creyó que necesitaba y deseaba en su vida y no sería yo quien le obstruyera su camino; lo quise demasiado como para truncar sus objetivos y su felicidad. No sé si puedo calificarlo como un “perdedor”, si se tratara de encontrar perdedores en esta historia sin final feliz, entonces diría que ambos en este caso salimos perdiendo…

Y perdimos mucho.