¡Déjalo ir!

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¿Cuántas veces al terminar una relación sentimos que se nos acaba el mundo? ¡Pues tenemos toda la razón! En efecto, se acaba el mundo; acaba ese mundo y nace otro. No todo nacimiento es doloroso, parimos una nueva historia en nuestra vida y uno decide si hace una labor de “parto emocional” de semanas, meses, años o el resto de nuestros días, lamentando el porqué terminó.

Es verdad, partió esa persona pero quedan tantas otras a las que hemos descuidado por invertir gran parte de nuestro tiempo a la que se fue; y como buena locura que nos cargamos encima, aun habiéndose ido, seguimos regalando nuestro tiempo, aunque ya no esté; sí, así estamos de locos.

Es natural guardar un luto, pero ya estuvo ¿no?, están nuestros padres, hermanos, amigos, etcétera, vivos. ¿Hace cuánto tiempo no les dedicamos nuestra presencia y esencia completa? Pareciera que junto con la persona que se fue nos fuimos también, desaparecemos del mundo; nuestro mundo, nuestra gente, nuestra vida.

Es mucho más fácil sanar heridas al lado de los que amamos y nos aman, si él se fue… ¡Déjalo ir! Existen millones de personas en el mundo como para dejar nuestros planes y sueños por una sola; abracemos a los que tenemos cerca, que se quede quien se quiera quedar y que se vaya quien se quiera ir.

Abramos los puños para soltar y recibir lo que es para nosotros.

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