Déjalo allá, donde él eligió estar…

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Cuando estás en una relación donde quizá ambas partes dieron todo lo mejor de sí, o al menos lo parecía,  donde todo indicaba un nosotros, donde se escribía un para siempre, y de pronto, algo pasa, han cambiado los planes y te das cuenta que ya nada te conduce a un “y fueron felices”; ése hombre viró el rumbo sin aviso, algo sucedió, no lo viste venir y tu historia con él se ha convertido en un viene y va intermitente.

Comienzas a perderte, observas absorta, como él te trastorna con esas actitudes de olvido y aparición eternas. Se convierte entonces, en un sentimiento muy ácido y desgastante; él se va, se aleja y tú, pones (o eso intentas) un punto final al juego cantidad de veces. Claro, sólo hasta que él, una vez más decide volver. Así pasas el tiempo, terminando y volviendo una y otra vez.

Quiero hablarte de frente… ¡Detente! Toma aire y deja de victimizarte, no eres una víctima y tampoco eres ciega, se que puedes ver claramente. Pon mucha atención… Creo firmemente que las personas no reaparecen en nuestra vida, es uno mismo quién las trae de vuelta. ¿Por qué?… Muy simple… Porque se les recibe una y otra vez; abres esa puerta que ya has decidido otras tantas veces cerrar por siempre.

En éste caso, es necesario que sepas que ésa persona solo te está tomando la medida; está siguiendo una regla que debes conocer: yo le llamo la regla de la medida y el aprecio, él te observa, mide el terreno, observa cada uno de tus pasos al alejarse, y a la vez, percibe que el aprecio que tienes hacia ti misma es muy bajo o no existe.

En la medida que él esclarezca el poco valor (aprecio) que te tienes, él sabrá que puede irse y volver cuando lo decida y considere, porque tú lo recibes siempre.

Tengo también una buena noticia, que ése profundo vacío que sientes en el estomago por su ausencia, será una sensación incomoda incluso insoportable, pero también será pasajera. Tendrás que soportar la ansiedad venida por el apego, deberás trabajar por ser firme y no volver a abrir esa puerta por donde él salió, porque recuerda, él lo decidió, no tú. Cuando regrese, porque lo hará, no lo recibas; sabrá que ya no eres la misma y quizá utilice alguna artimaña para entrar de nuevo, solo mantente firme. Él se irá.

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Nunca permitas que nadie se vaya y regrese a su antojo de tu vida, mereces quien se quede a tu lado recorriendo un camino, juntos, siendo tú para él y él para ti.

Es acaso que un hombre que te trata como opción, ¿merece un lugar en tus prioridades? No lo creo y sé, sin conocerte, que tú tampoco lo crees. ¡Vamos! Esa venda que tienes en los ojos es una mera falacia para inmovilizarte.

De qué te sirve dormir por las noches creyendo que él no te escribió en el día porque “estaba muy ocupado”, y en las mañanas, al despertar, revisas tu celular y tampoco hay un “buenos días” y entonces piensas… quizá más tarde lo haga. ¡Basta! No te engañes, si una persona desea estar contigo, simplemente lo demuestra y no a ratos, sino en todo momento.

Siempre recuerda que la fuerza con la que te ames a ti misma será la misma fuerza que tendrás para sostenerte. Nunca nadie debe estar por encima de ti, alza tú voz y saca esa personalidad fuerte que defienda tu integridad de mujer, y más básico aun, de «Ser Humano». Con esa actitud no solo recobrarás el respeto por ti misma, sino que se añadirá  el respeto de  él y el de los demás.

No importa dónde vaya, ni con quién esté, sé fuerte, rodea  su tiempo compartido contigo con un fuerte abrazo, esa vivencia lo seguirá por siempre, ten por seguro que así será. Pero ahora estarán mejor, cada uno en su propia vía, sin unirse nunca, pero recordándose hasta el final.

Recuerda una verdad absoluta: naciste sin él, y aun con él en tu vida; si un día mueres… te irás sin él. ¿Qué más da perderlo ahora que mañana? El final es el mismo pero la historia será distinta… tú no habrás perdido tu dignidad y él habrá perdido, no solo aventurarse en una vida juntos; algo terriblemente peor para él, la oportunidad de ser digno y de gozar un amor como el que le ofrecias.

Así que déjalo, ten el coraje; déjalo allá, donde él eligió estar. 

Por: Laura Calderón