Deja la rutina, arriésgate…

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Dicen que uno se arrepiente más de lo que no hace, que de lo que hace. Lo he comprobado. ya que hay muchas cosas que me hubiera gustado hacer y las dejé de lado por creer que era lo mejor, lo correcto y lo más sabio; la verdad es que nunca han dejado de rondar en mi cabeza las preguntas de cómo hubiera resultado aquello, qué hubiera pasado, a qué camino me hubieran llevado o qué enseñanzas hubiera obtenido.

Hubiera hubiera hubiera; claro está y es por demás decir y recalcar que el hubiera no existe y que no tiene caso seguir lamentándonos por lo que no hicimos. Lo curioso aquí es que cuándo nos arrepentimos de no haber hecho algo juramos que no nos volverá a pasar, que la próxima vez nos animaremos a hacer aquello que esté frente a nosotros a pesar de las consecuencias que esto conlleve; pero la realidad es que llegado el momento, volvemos a dejar pasar esas oportunidades, esas experiencias de vida y terminamos agregando otro hubiera a la larga lista.

Y es que aunque existen muchas cosas que tenemos claras y que estamos seguros que no debemos o no queremos experimentar por nuestro propio bien, existen otras que no tenemos tan claras, sabemos que no dañarán nuestro bienestar ni nuestra integridad y es ahí en donde surge la cuestión: ¿Lo hago o no lo hago? Tal vez se trate de conocer algún lugar, mudarse, aprender algo nuevo o conocer a alguien; y tenemos que tomar un camino: arriesgarse a lo nuevo y desconocido o quedarse que con la certeza y seguridad que nos da nuestra zona de confort.

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¿Cuántas veces hemos visto a esa persona por la calle y no tenemos el valor de tan sólo sonreír y ver a dónde nos lleva eso? ¿Cuántas veces incluso fuimos groseros aunque por dentro moríamos de ganas por conocerle, sólo porque pensamos que era lo mejor y lo más seguro para nosotros? ¿Cuántas veces dejamos de conocer lugares, cambiar de trabajo o vivir en otro lugar, sólo por miedo o bajo el pretexto de que primero hay que cumplir con la responsabilidad? Tal vez la responsabilidad y el compromiso han sido siempre disfraces del miedo; miedo a lo nuevo, a lo desconocido o tan sólo a la idea de poder ser felices y preferimos quedarnos medio felices o tan sólo bien, pero eso sí, «seguros», aparentemente seguros.

¿No existirá la posibilidad de que la incertidumbre nos lleve a la felicidad y a nuevas esperanzas? ¿Y si confiamos en un destino inexistente y perdemos la oportunidad de crear nuestro propio destino por miedo a elegir algo diferente a lo usual, a lo que marca la sociedad? ¿Por qué tememos elegir algo que nos desestabilice un poco o un mucho?, ¿será que tal vez eso es lo que necesitamos para encontrar la felicidad?

Es que en verdad no quiero más hubiera en mi larga lista, porque se siguen acumulando y ya no sé en dónde puedo guardarlos y olvidarles, no hay ya espacio para más. Pero no sé que hacer, no sé cómo obtener el valor para arriesgarme, ¿será que vale la pena arriesgarse una y otra vez o es mejor quedarse con lo conocido?

Ahora no sé dar respuesta, ahora soy yo quien espera la respuesta a esta pregunta: ¿Es mejor vivir imaginando qué hubiera pasado o recordar lo que pasó?

«SI PIENSAS QUE LA AVENTURA ES PELIGROSA, PRUEBA LA RUTINA, ES MORTAL»

-Paulo Coelho.