Decirte adiós desde el perdón

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Es una sensación tan grata despertar un día y no seas tú en lo primero que piense. Es tan liberador, tan emocionante, es una lucha vencida.

Las esperas suelen ser agónicas, pero la espera por olvidar a un amor es la muerte misma. Sin embargo si se tiene la firme voluntad de hacerlo, la espera termina.

Es muy difícil haber querido tanto a alguien para que al final, tengas que dejarlo ir. Sufrir de ese tipo de abstinencia es terrible; ojala la medicina pudiera menguar tanto dolor.

Desgraciadamente para éste mal no existen remedios mágicos ni atajos, cada uno debe soportar su propio trauma y salir de eso por propio pie.

Al final del camino la luz brilla, los momentos tristes, los apegos y hasta el amor se transforman; sentimientos de paz, de entendimiento llegan a la mente; entonces sabes que hubo aprendizaje.

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Ahora recuerdas a ese anterior amor con empatía y si, quizá, mucho de melancolía, pero ya no duele,  ese pensamiento constante ahora a disminuido en frecuencia, puedes darte cuenta perfecto y te sientes bien.

Has soltado la atadura, te liberas y liberas al otro. Los senderos de ambos son correctos ahora; esos caminos distintos que te derrumbaron, se vuelven la elección correcta para cada quien.

Vives ahora de nuevo tu propia vida, con nuevas expectativas, ilusiones y lo más importante, sigues aprendiendo y fortaleciendo tu capacidad de resiliencia.

Despedirte de un amor en el momento que aún lo amas, no es más que una mentira; te despides de un amor solo cuando al pasar el tiempo y una vez sanada la herida, dices adiós, con verdadero perdón, paz y casi siempre, hasta con agradecimiento.

Te fuiste, al hacerlo te padecí, al sanarme te perdoné y con el tiempo, continúe…

Escrito por: Laura Calderón.