Debemos tomar un tiempo…

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Con ganas suficientes para sonreír aun en momentos grises, debemos tomar un tiempo para nosotros, un tiempo para disfrutar amaneceres perfectos y puestas de sol, de esas que no se olvidan aun en días opacos, donde en ocasiones se tornarán oscuros, pero con la seguridad que en entre días así, siempre aparecerá de pronto una luz que cambiará entonces su color y les dará matices diferentes; darnos un tiempo que aun en esos días solemos olvidar por las tareas diarias, tiempo para viajar, descansar, ayudar,  sonreír, charlar, soñar y hasta perdonar.

Tiempos donde haya charlas cotidianas y en ocasiones charlas especiales donde uno hace importantes a personas queridas, donde aprendamos a darle valor a las personas, donde entre risas y caras sorprendidas te pongas al tanto de las cosas con amigas, hermanos, con los seres queridos, compartiendo sueños, esos que algún día quisieras que se cumplieran, de esos como el poder ver por primera vez a quien extrañas y sentir noches agradecidas por el hecho de existir.

Hacer promesas dichas para cumplir, promesas reales y que uno quiere y que al final de todo nos hace sentir mejor no por haberlas cumplido sino por haberlas dicho.

Démonos tiempo para descansos esperados, quizá no porque los necesitemos, pero sí porque los merezcamos; tiempo para recorrer ciudades mágicas, visitar viejos amigos y familiares olvidados que se encuentra unidos a nosotros por la sangre y alejados por la distancia Viajemos a lugares que no conocemos y hagámoslo con gusto; ayudemos sin importar lo que la otra persona pueda hacer por nosotros, ayudemos porque nos nace, porque el ayudar siempre te hará rico, aunque la pobreza tenga cabida en nuestros bolsillos.

Tomemos tiempo para recibir otoños esperados y hasta para ver caer las hojas de los árboles donde el color marrón predomine sin importar el lugar, donde tal parezca que se lleve los recuerdos olvidados y donde podamos hacer al fin cosas que nunca hicimos o cosas que olvidamos hacer; beber un café para despertar, donde lo que haga importante no es lo que se bebe, sino es el estar ahí para uno mismo.

Tomemos también tiempo para dar  una cálida bienvenida a los inviernos donde abrazos hechos y recibidos existan sin importar la estación, donde podamos observar el contraste de los colores, disfrutemos de panecillos recién horneados, caminanemos por las calles para perdernos entre luces de colores y música que nos inviten a sentir que fechas especiales llegaron para quedarse; recibir obsequios sin esperarlos, desear siempre los propósitos para un año que empieza, que los veranos arriben entre modas preferidas y convivencias deseadas, dándole un despido a una primavera que marcará los colores brillantes y las flores encaramadas posados con afecto entre árboles que miremos al caminar…

Donde nos hagan sentir que el tiempo de nosotros es el consentir y ese solamente es de uno para uno.