-De un amor platónico, a lo real- Parte VII

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Parte VII

–‘Y sí, sé que es tonto no decirte lo que sucedía en ese momento, no debí dejar pasar ni un minuto más, pero aún no estaba lista para perderte. Lo sé, suena a locura. Necesitaba despedirme, sin que tú lo supieras, de todo aquello que adoraba de ti y también de las locuras que hacíamos juntos. Vivirlas y saber que probablemente sería la última vez que sucedieran de la misma manera. Tenía la certeza de que una vez que te dijera que ya sabía sobre ti y la otra chica, la actitud de ambos cambiaría, y probablemente no habría marcha atrás. Y no, no es que pensara que después de ti yo ya no sería nada. Todo lo contrario, Santiago, tan solo necesitaba la fuerza necesaria para desprenderme de ti si es que tú realmente no me amabas y de esta manera llevarme la importante lección de que ‘no todo lo que parece ser, es’ y vaya que es una terrible pero necesaria lección’—Continuó escribiendo Laia.

 

–¿Qué sucede, Laia? ¿Por qué lloras.. alguien te hizo daño?—preguntó Santiago
‘Tú’ pensó Laia, pero no se atrevió a decirlo.
–Amiga, creo que debo irme. Te quiero y espero tu mensaje más tarde—dijo Zaira, mientras besaba la mejilla de su amiga. –Adiós, Santiago—
–Laia ¿sucede algo? No contestaste mis mensajes, estaba preocupado.
–No sucede nada, Santiago.
–¿Por qué dices que nada sucede, cuando es obvio que sí? Estás llorando.
— Sucede que vi cómo un auto atropellaba a un gatito, y eso me puso muy triste
Santiago abrazó rápidamente a Laia
–Lo siento mucho corazón, pero lamentablemente así son las leyes de la vida. No te sientas mal, además, tú no podrías haber hecho nada al respecto, así que tranquila—susurro Santiago al oído de Laia.
Ella lo abrazó con fuerza
–Gracias por todo, Santi. En cuanto a los mensajes, disculpa, mi celular ha estado fallando y al parecer no te llegaron mis respuestas.

Después de decir eso, Laia se sintió como una tonta, y bueno, lo era. Pero también buscaba el momento idóneo para decirle la verdad, el porqué de sus lágrimas, el porqué de la ausencia de sus mensajes.

Santiago como de costumbre, acompañó a Laia a su casa, ella se recargaba en su hombro cada vez que podía. Ambos permanecían en silencio, Laia observaba con detenimiento todo a su alrededor, y respiraba el aroma de Santiago, que la volvía loca.

Cuando estaban en la puerta de la casa de Laia, él le preguntó si de verdad no ocurría algo más. Ella le dijo que sí, pero se lo diría el sábado, en el parque, antes del atardecer. Él se mostró intrigado, pero conocía a Laia lo suficiente como para saber que no lograría sacarle nada acerca de lo que pasaba hasta que fuese sábado. Le dio un suave y dulce beso en los labios, la abrazó, y entonces dijo:

–Te amo, Laia, no sé qué tienes que me volviste loco tan rápido y tan fuertemente. Te amo, ya no sólo te quiero. Me haces sentir vivo y feliz, y adoro que hayas tropezado conmigo.

Laia se quedó sin palabras, justo en ese momento se sentía contenta, pero eso se vio opacado segundos después por la gran impotencia que comenzó a invadir su garganta.

— Nos vemos el sábado, Santiago. Procura avisarme cuando llegues a casa.

Santiago se sintió confundido y eso se hizo muy notorio en su desconcertada mirada. Él no esperaba una respuesta así por parte de Laia. Se dio la vuelta y se marchó.

Laia se encerró en su habitación y sus ojos se inundaron de lágrimas nuevamente, y fue así hasta que el sábado llegó. Su estómago parecía estar siendo devorado por dentro y esa sensación viajaba por todo su cuerpo como pequeñas palpitaciones.

Amarró su cabello en un chongo relajado, y se puso un ligero y lindo vestido azul. Pintó sus labios y sus mejillas. Tomó un taxi y al llegar al parque distinguió a Santiago desde lejos, bajo un árbol, esperando por ella.

Cuando él la vio, se ruborizó. Ella lucía hermosa. Pero él no tenía idea, de que ese día no sería para nada hermoso.

 

CONTINUARÁ…

Escrito por: Mayeli Tellez

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