– De un amor platónico, a lo real – Parte V

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PARTE V

Laia continuó la carta al día siguiente, y con un vacío en el pecho escribió todo un párrafo sin detenerse, pues las palabras brotaban directo de su corazón. En aquella hoja de papel ahora decía: ‘Si tuvieras la mínima idea de lo que sentí al leer de mi mejor amiga que no era yo la única a quien tratabas con amor, la única a la que le hacías creer que ‘es especial’. Aquella noche decidí no decirte nada, decidí esperar un tiempo para ver si tú tendrías el valor de decirme lo que sucedía. Estaba rota por dentro, Santiago, estaba rota y quería que la misma persona que provocó esa ruptura, pudiese sanarme de nuevo… tú’.

 

 

 

Cuando Laia llegó a casa, reventaba de felicidad… ¡por fin era novia de Santiago! Ya había transcurrido algo de tiempo desde aquel tropiezo en el autobús, y más aún desde que Laia vio a Santiago por primera vez, y todavía mucho más desde que él ya la había visto a ella. Se conocían, conocían lo necesario de sus vidas, y amaban la forma de ser y vivir el uno del otro. Su amor creció tan rápido como la confianza y el gusto que sentían mutuamente. Todo había sido tan fluido y natural que parecía un sueño.

Todo lo que ellos habían vivido fuera mucho o fuera poco, provocaba sonrisas espontáneas en el rostro de Laia desde el momento en que entró a su casa con el pecho lleno de alegría… pero la alegría se desvaneció como humo encerrado en una burbuja de jabón al momento de estallar.

–Laia, disculpa por decirte esto ahora y de esta forma pero no sabía cómo hacerlo de frente, ya que estos días has lucido tan feliz… que me dolía ser yo, tu mejor amiga, la que tuviese que darte una mala noticia o eso creo. Mira, no quiero caer en suposiciones extremistas ni nada parecido e incluso por un momento quise creer que vi mal… bueno ¡ya! Iré al grano. El sábado pasado tuve que ir a visitar a mi abuela que como sabes vive del otro lado de la ciudad, y cuando me dispuse a tomar el transporte público, al otro extremo de la calle vi a Santiago con otro chica. Pude distinguirlo por su cabello despeinado y aquella camisa de rayas que siempre usa. Al principio podría decirse que actuaban normal, como si fuesen amigos o hasta primos, pero la situación se tornó extraña cuando él la tomó de la mano y le dio un beso no sé si en los labios o por lo menos muy cerca. Ella lucía un poco molesta o quizá triste y se hizo hacia atrás rápidamente. Mi autobús llegó y temía que él me viese, así que subí. Ya arriba, me arribaron muchos pensamientos y quise convencerme de que vi mal, y al girar la vista de nuevo a ellos… no vi mal, porque ahora estaban besándose. Un beso largo, ya sabes. Amiga perdona que sea yo quien te lo diga… pero sabes que no nos guardamos secretos. En cuanto veas este mensaje llámame. Te quiero.— decía el mensaje de Zaira a Laia

 

Al leer aquellas palabras, Laia no derramó lágrima alguna, quizá por el choque de emociones o tal vez porque aún no digería aquella noticia. Ella no llamó a Zaira ni tampoco contestó el mensaje de buenas noches de Santiago, solo quería estar sola, solo deseaba que aquello fuese un mal sueño, pero no lo era.

Tomó una larga ducha y en su mente se repetían las palabras de Zaira, lo imaginó todo, imaginó cómo hubiese sido si ella hubiera estado ahí y también si él tendría el valor de decírselo o ella debería encararlo. Imaginaba todas las posibles reacciones que él tendría y también imaginaba cómo sería regresar a su vida normal sin él… y era ahí donde más dolía, porque aunque ella no lo necesitaba antes, él sin duda le provocó aquel vicio de ser feliz cada segundo de cada día. ¿ÉL solo jugó? ¿Lo de ser novios no fue en serio? Laia no bajó a cenar diciendo que estaba muy cansada… durmió apenas dos horas y el resto de la noche la pasó dando vueltas en su cama, hasta que asimiló la noticia, y las lágrimas comenzaron a rodar por su rostro sin permiso ni pausa.

Lloró como quizá no lloraba desde que era un bebé. Lloró y sentía que necesitaba salir a correr o gritar pues sino podría estallar literalmente. Fue una de las peores noches de su vida hasta ese momento. Amanecería en cualquier instante, y entonces ella tendría que verlo nuevamente… pero sin duda, ya no lo vería de la misma forma que antes.

CONTINUARÁ…

Escrito por: Mayeli Tellez

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Cuando te sientes feliz, triste, confundido, enamorado o con el ánimo por los suelos, el hecho de saber que en alguna parte del mundo hay más personas pasando y sintiendo lo mismo que tú, ayuda a aclarar la mente... o cuando menos a no sentirte sólo al estar inmerso en aquellas emociones. No hay nada más gratificante que encontrar las palabras exactas que describan lo que sientes, que te permitan expresarte y hacer saber a los demás lo que piensas. Disfruta cada letra, haz tuya cada palabra y pon tu mente a volar.