Cuando todo se quedó en sólo una ilusión

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Aún me descubro pensándote y recordándote como si no hubiera pasado el tiempo. Tu recuerdo se atraganta en mi memoria y revivo aquellos sentimientos que surgían con cada sonrisa que me regalabas. Fue tan simple comenzar a quererte. Quisiera haber recordado en ese momento que debía ser realista pero la ilusión tomó ventaja y sin aviso, entró en mí

Perdón si fui yo quien creó historias futuras contigo; quien desde el momento que comenzó a soñar que eras tú el indicado para mi, formó castillos de arena. Discúlpame si fui yo quien no supo interpretar tus palabras, si fui yo quien les dio un sentido conveniente y ¿cómo no hacerlo? si estabas allí pendiente de mí, coqueteándome, llamándome de forma cariñosa, sonriéndome y acompañándome a cada momento del día.

Me descubrí un día siendo yo quien te buscaba, aquel día que olvidaste que teníamos una cita. Supe que solo yo estaba comprometida, haciendo lo posible y más, soñando que un día despertarías y te darías cuenta que no tenías que buscar más. Que yo era la mujer correcta.

Fue difícil escuchar a la conciencia, ser clara conmigo y tomar con determinación la decisión de dejarte ir. No te miento, hacerlo, fue un paso con tintes agrios. Hay un momento en la vida en que ya no puedes engañarte a ti misma, ni excusar aquello que no tiene justificación. Entonces debí hacer un llamado a mi propio amor, y así, con la misma facilidad que entraste en mí, saldrías también. No me preguntes si fue simple, no lo fue.

Aunque he pasado por esa sensación de derrota tantas veces en el pasado, cada una se vive de forma distinta. El dolor es inevitable; ése vacío tan peculiar en el estomago, ésa tristeza que sientes como llega, toca a la puerta y es inevitable rechazar. Pensar que diste todo, que apostaste por los dos, aun cuando sabías que era arriesgado hacerlo. Encontrarme mirando al espejo y preguntándome ¿por qué no fuiste la correcta? ¿por qué no vio en mí lo que yo si pude ver en él?

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Lloré, me permití hacerlo y, ¿por qué no? Si llorar es sanar el alma, darle salida a las emociones truncadas, sanarme del despojo sufrido; el ultraje a mis ilusiones. Me di cuenta entonces que te quería, tanto como ni yo misma sabía, viví el dolor, deje que fluyera, lo sentí recorrer cada parte de mí, fue así porque descubrí que mi amor, el amor que yo te ofrecí, fue un amor maduro, un amor como nunca antes quise ofrecer a nadie. Y es que el corazón parece saber a quién debe entregarse; solo que él no sabe distinguir quién solo miente.

Y no seré quizá muy astuta para determinar quién miente o no, pero sin duda te topaste con una mujer que tiene una cualidad profundamente importante. Soy el tipo de mujer que se ama y no solo se ama más que a ti, sino más que a cualquiera.

Soy quien sabe cuando hacer un alto, observar con detenimiento las actitudes que no encajan, soy quien da un paso a un lado sin mediar palabra y tengo la templanza de permanecer quieta, de observar con reserva hacia tú espalda. Tú no reparaste en mis movimientos, no te percataste que me iba, ¿te sorprendió mi actitud?, no esperabas que me fuera; pero lo hice.

Mañana, quizá mañana cuando tú detengas tu paso y vuelvas la mirada hacia atrás, entiendas por qué lo hice. Quizá y solo quizá, si tú madurez te lo permite. No espero que te arrepientas pero sí que eches de menos a esta mujer que no valoraste.

Mientras tanto, a mi me recordaste mi valor. Valor con el que esperaré junto a un inmenso amor, a que llegue aquel hombre que no mienta y no trate de engañar a mi corazón. Pero sobre todo, que no solo nos quedemos en la etapa de ilusión.

Por: Laura Calderón