Cuando por fin llegaste…

0

Eres el amanecer, la lluvia fría en los días nublados, eres mis ganas de ser feliz.

Amo tu mirada, pues en ella se refleja mi libertad y las ganas que tengo de explorar el mundo junto a ti. El día que llegaste a mi vida, fue decisivo, me encontraba preguntando por qué la vida me ponía a prueba, por qué el silencio ausentaba mis oídos, recuerdo mi reacción ante tu manera tan atrevida de acercarte sin idea de dónde habías salido, ni siquiera tu nombre, en cambio tú ya sabías todo de mí y fue justo cuando comenzó, ese inexplicable deseo de encontrarte por casualidad, perdiendo el miedo a sufrir.

La primera vez que te dediqué una conversación, te veías tan atento, pareciera que te encontrabas ante algo desconocido, tus ojos brillaban y tu sonrisa nerviosa parecía querer explicar tantas cosas. No deseaba enamorarme justo en ese instante, mis experiencias pasadas dejaron un gran hueco en mí, pero me diste la fuerza para creer una vez más.

Mis expectativas se encuentran en blanco, no pienso pedir algo que yo no puedo dar, pero todo aquello que contiene mi corazón me permite ver que buscas algo especial; yo estoy dispuesta a serlo.

No pretendo entregar mi ser en tus manos, no lo veo necesario. Atrévete a encontrar mi vulnerabilidad y respetarla, aun cuando al fin logres hallarla, guarda un poco de misterio para los momentos difíciles, dímelo todo pero conserva tus secretos exclusivos. Y sobre todas las cosas, por favor jamás recurras a las mentiras, debo decir que si algo admiro de un ser humano es su honestidad y el valor por defender la verdad; debes recordar siempre que todo tiene solución aun si significa estar lejos, lo prefería un millón de veces a vivir en una burbuja ficticia dónde todo aparente estar bien.

Hoy tienes todo de mí, te ofrezco lo que soy, con defectos, virtudes y mis desordenes existenciales que puede que en algún tiempo sea lo que más ames de mí.

Pretendo cuidar lo nuestro desinteresadamente, no aguardo nada de ti; deseo que me sorprendas día a día al despertar y que juntos nos convenzamos que permanecemos así sólo por convicción.  De la mano, el tiempo que tenga que durar, disfrutar cada minuto recordando las lecciones del pasado, superando las experiencias del presente.

Confía en esto, somos invencibles.