Cuando miras los escombros del destino

0

De repente llega el momento de la decisión final, llega el momento del adiós, llega ese instante en el que por más que
duele, las circunstancias te obligan a renunciar, a soltar, a dejar ir. No sabes cómo sucedió, sólo sabes que tienes que hacer las maletas, guardar aquellos sentimientos que por más que sentiste no tuviste la capacidad de compartirle, guardando aquella lluvia de sueños, de pensamientos, de deseos.

Por un momento te detienes y te preguntas: ¿Dónde está ese «para siempre»?, ¿a dónde van las sonrisas, los besos, los momentos que nunca diste?, te haces miles y miles de preguntas, las lágrimas escurren cual cascada, entonces fijamente miras el rostro de aquella alma que te regalo los momentos más felices, los momentos más increíbles de tu vida y que jamás te diste cuenta que los tenías.

Tomas el camino de la derecha y te detienes para percibir, el anhelo de esperar a que te diga quédate, pero no es así, ella se va y toma el camino de la izquierda, piensas que se encontrarán nuevamente, pues el mundo es redondo, y de repente ves que a paso firme aquella silueta que abrazabas cómo si no hubiera mañana, poco a poco se va desvaneciendo, dejando un hueco irellenable, dejando un terrible vacío que sabes que no podrás llenar, llevándose en cada paso un poco de ti, quedándose un poco de ella, entonces es ahí cuando sabes que el adiós es la única salida.

Es ahí cuando sabes que se va y quizá ya no volverá, quieres correr, pero no puedes ni caminar, llegan a tu mente cada una de las anécdotas que por más hermosas que sean hieren como si una bala atravesará un muro de concreto, un muro al que llamas corazón; los recuerdos inundan tu mente, tocas el dolor pero no es suficiente, sientes que mueres viviendo, y vives sin morir, tomas las maletas, y con el corazón hecho añicos, te vas, te vas queriendo olvidar, con la esperanza de un día regresar, buscas que te enseñen a olvidar.

Vives la desesperanza como un nudo en la garganta, pierdes la fe, solo quieres caer, deseas dormir, amor es la palabra que deseas olvidar, pero irónicamente es la que te hace recordar, quieres ahogar sus fantasmas, pero olvidas que saben nadar, ella era ese ángel que vivía en tu piel a la que no tuviste la capacidad de serle fiel, juraste amor eterno, ahora espera el día que llegue el entierro, tienes la sensación de haber tocado el cielo, ahora crees que te diriges al infierno, entonces tomas el recuerdo más bello, ese en el que la cargaste y no te importó lo que pasase, sólo dejaste que sintiera un poco de lo que eres en ese instante, ella durmió y fue el momento más enriquecedor.

Te marchas, no sabes que deparará la vida para ti, la incertidumbre quema, el dolor lo alimenta, y el olvido te aprieta, llega el momento en el que te quedas perplejo en ese puente, con la duda de saber si es la mejor decisión, con la duda de si es el momento correcto de decir: Adiós.

La agonía del hombre que fue un cabrón, el cabrón que se volvió esclavo, el esclavo que rescató a su verdadero yo, el yo que creó una leyenda…

La leyenda que formó al Mítico.