Cuando el vacío llegó…

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A ella nunca le habían roto el corazón, tal vez por eso tenía pequeños momentos en donde sentía como si este fuera a salírsele por la boca. Sentía como si sus párpados fueran demasiado pesados para sus ojos y llevaba varios días fingiendo comer.

Había escuchado rumores de que cuando se estaba en esa situación no se podía parar de llorar, pero de ella no había salido ni una sola lágrima. Tal vez porque en su cuerpo predominaba una sensación de vacío total, no era como si le hubieran roto el corazón, era como si se lo hubieran arrancado y en su lugar no hubieran dejado nada. Tal vez entonces si alguien pegaba el oído a su pecho pudiera escuchar el eco producto del hueco en su alma.

Ella no había hecho rabietas, no había visto cientos de películas de amor lamentándose el que acababa de perder y mucho menos le había llamado para decirle lo mucho que lo extrañaba.

La tristeza en su cuerpo por otro lado la había hecho capaz de estar en una misma posición por minutos que rápidamente se convertían en horas sin que tuviera la mínima necesidad de moverse. Podía mirar fijamente al techo y sólo dejar que el vacío en su pecho la tragara por completo.

De vez en cuando su entorno le recordaba que debía continuar y se levantaba para vivir en modo automático. Y el mundo la veía así, como si nada hubiera pasado, sin saber que un ente sin vida caminaba frente a ellos.