Cuando el destino se niega a unirnos

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¿Quién no desearía saber con exactitud a dónde lo encontrará el destino y con quién?… Sería fenomenal saberlo, ¿no lo creen?

Más aun cuando conoces a alguien que cambia tu vida y quisieras que permaneciera por siempre a tu lado. Pero a veces la vida tiene otros planes para ti; resulta que tus deseos no siempre son ordenes, ni sólo basta con querer algo para obtenerlo. La vida sin duda, es más compleja que eso.

Existe esa persona con varias o todas las características que necesita tener y tú cumples con tu parte frente al otro, pero el destino se encapricha, pareciera que hace todo para separarlos.

Ambos tontean, juegan a «los novios» sin serlo,  hay química, atracción física y mental… El cóctel está listo, pero ese par no lo está, ellos no se deciden.

¿Qué llevará a esa indecisión?, ¿de quién será la culpa?… ¿De quien no se decide y saca a flote todos sus miedos y demonios o de quién sólo espera un milagro?

Quien encuentra mil excusas, quien teme al compromiso o está anclado a su pasado no avanzará, porque está negado, no le gusta la soledad, pero tampoco sabe lidiar con ella; por eso aun con tanta inseguridad, está al lado del otro.

En cambio la otra parte, seguramente se encuentra en un buen momento, sabe que su riesgo vale la pena, sabe que quiere estar ahí, para esa persona no hay demonios o quizá los haya, pero los ha controlado, tiene sus miedos resueltos, tiene bajo control todas sus emociones.

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Pero desafortunadamente es cobarde, no habla claramente,  no desvela sus deseos y planes porque sabe que se le rechazará.

Tristemente este par de seres difícilmente lograrán ser, estar y formar una relación con el otro. Tal parece que el destino se encapricha, los aleja cada vez más de su propósito, se niega a esa unión.

Pero la realidad es que quien se niega no es el destino, somos nosotros que no nos atrevemos a hacer que suceda, no queremos porque somos tontos, temerosos; y es que olvidamos que arriesgar no sólo lleva implícita la opción de perder, sino también ganar.

No dejes al destino la responsabilidad de tu felicidad, búscala tú, convierte en realidad tus deseos, sincérate con esa persona y en el peor de los casos, quedarás en la misma posición donde estabas y eso no es perder.

Nunca trates de «hacer cambiar de parecer» al otro,  cada quien avanza a su propio ritmo. Cada uno necesita recorrer su propio camino.

Entonces entendamos una cosa: el destino sólo es un adjetivo para referirse a «lo que vendrá», pero quien le da realmente sentido y dirección a eso eres tú,  el destino no es lo que te niega un «nosotros», quien se lo niega realmente,  eres tú.

Haz que las cosas sucedan, no responsabilices a un tercero por tu futuro; sé valiente, atrévete… hazlo realidad.

 

Por: Laura Calderón