Crónicas de una cortesana triste. | Parte II

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SYDNEY, AUSTRALIA - SEPTEMBER 01: Beth, a "service provider" at Sydney brothel The Site, stands in a window as traffic passes September 1, 2006 in Sydney Australia. The brothel is offering a 20 cent-per-litre discount on petrol to their customers. As petrol prices reach all-time highs, the scheme involves filling up your car, bringing your petrol receipt to the brothel, which will go towards a discount on the price of the visit. (Photo by Ian Waldie/Getty Images)

Me sentaba desde muy temprano en la barda del puente, quedaba frente al local de productos oaxaqueños, yo no conocía Oaxaca, pero me imaginaba que la gente debía de comer muy rico, veía cómo pesaban el queso a veces escuchaba que preguntaban por los chapulines; no me explico cómo se comen a los grillos, tan bonito que cantan, hace mucho tiempo que dejé de escucharlos, aunque es mejor porque algunos ruidos o sonidos me recuerdan cosas, muchas cosas que a veces no quiero recordar.

Pero, lo que sí recuerdo es cuando me senté en la barda con mi bolsa nueva, era plateada muy brillosa, las mujeres comunes no se sentaban en la barda del puente, si no las confundían y qué risa me daba verlas todas indignadas levantándose con su quesadilla en una mano y el plato en la otra… Y ahí van los clientes apenados y con miedo de volver a preguntar.

Yo le llamé a uno, le pregunté que si quería un servicio y sonriendo contesto que sí, me paré presentando mi bolsa plateada por el frente, quería que viera que tenía buen gusto y que no importaba que no fuera de noche, a mí me gusta lucir desde temprano.

Él se sentó a mi lado y me dijo que quería ir a algún lugar más privado, a mí me daba igual, finalmente para lo que se tardaban era lo mismo hacerlo en ese momento o ir a un hotel, pero para que de verdad sea negocio hay que recomendarles hacerlo en las vecindades, todos se hacen de la vista gorda, una se levanta la falda y ya; o una se agacha discretamente, él viendo a hacia la pared y como si nada. Recordando un poco mi vecindad, podíamos echar el condón usado en la fuente, basura ya tenía y seguramente nadie la iba a limpiar, ¿para qué? A nadie le ilusiona tener una fuente en su casa.

Me fui pensando en el queso Oaxaca, saboreando una quesadilla estando en otro lugar, cabe mencionar que ellos no te toman de la mano, ni siquiera te abren la puerta para que pases tu primero, sé que esos detalles son muestras de caballerosidad, pero ellos que saben de eso si sus esposas nunca se los exigen, ahí van las pobres esposas caminando detrás, en eso no somos muy diferentes.

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Como les dije, fuimos y nos metimos en las vísceras de la vecindad, se suben y se bajan escaleras, se pasa por cuartos abiertos, por comedores sucios y lavaderos abandonados, las mujeres ya no suben a lavar, prefieren usar la ropa sucia, cuando por fin encuentras el lugar les debes de cobrar, porque si no se van sin pagar.

Cuando terminas, debes de cuidarte que no te sigan los muy pobres y cobardes te golpean para quitarte el dinero ganado, porque aunque es un trabajo sucio te lo has ganado, no sé si le llamen que te los ganes honradamente, pero no se los robo, yo me los gano con mis habilidades o por su necesidad.

Hace muchos años que empecé con esto, a veces se gana mucho, pero siempre se gana poco, se van olvidando orgullos y soberbias, esos sentimientos que a las mujeres nos engalanan, nos hacen ser intensas, dramáticas e impulsivas; de ésos en los que una se acurruca cuando las cosas no son como se pensaban, de ésos de los que te arrepientes…

Porque no dan los resultados que te emocionan a seguir adelante.