Creí que éramos indestructibles…

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En mi adolescencia, siempre tenía sueños vagos de cómo sería aquel amor verdadero, de cómo se sentirían las caricias de «el elegido«. Era tan tonto pensar que jamás llegaría, pero justo cuando mi cabeza se revolvía, teniendo nuevas experiencias en un camino real, apareció.

Aparentemente no podré borrarlo jamás, se me eriza la piel al recordarlo. Un día a pesar de toda su inseguridad, estaba parado frente a mí con su corazón acelerado y esas manos resbalosas, cuando por fin decidió abrazarme, podría jurar que su corazón quería escapar de su pecho y correr a refugiarse junto al mío. Tengo esa memoria grabada en la mente, hiere todo el tiempo. Me besó como si la vida estuviera a punto de terminar y las rodillas me temblaban, mis manos estaban congeladas y no existía nadie más, sólo estábamos los dos.

El aroma del pasto húmedo, empapaba mis ganas de robarlo y no dejar que huyera jamás. Nunca pidió que fuera algo serio, creo que desde ese momento debí entender que esto sólo era un simple juego.

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La primera crisis llegó muy pronto, aún no comprendo el por qué aferrarme a que funcionara, sus miedos siempre fueron más fuertes ante todo aquello que pudiera prometer o tan sólo que fuera capaz de cumplir… Nada importaba ya, había llegado para cumplir todas las expectativas de la imposibilidad, contaba con todo aquello que muchos deseaban; al fin era yo la que podía contar acerca del dulce destino del amor eterno.

Después de levantarme una vez más, jugaba que éramos indestructibles, erróneamente le juré amor eterno, le regalé mis más sagrados secretos, le di todo lo posible para elevarme junto a él en ese cielo que hoy ya se desplomó, golpeando fuertemente mi alma y esta fugaz esperanza.

Él robó todo de mí para regalarlo a alguien más, hurto mis sueños y llenó de culpabilidad mis caprichos, la duda que él mismo sembró.

Juré que nada ni nadie podría contra lo inmenso que construimos, jugaba a inventarnos la envidia que nos tenían todos al vernos tomados de la mano, pasé todo el tiempo jugando a ser una familia. Me mentía pensando que sólo éramos dos. Jugué a que sería incapaz de herirme, perdí y fue el mayor castigo que mi conciencia puede cargar.

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¡Cielo claro!, mírame aquí con todas mis palabras rotas, empapada del llanto e incertidumbre, no sé en qué momento caí a este barranco, ¡sálvame!, ¡cúrame!, piérdeme en el tiempo para su rostro jamás ver, ¡cielo herido!… Llévame a la eternidad, borra mis recuerdos y arranca la piel marchita, si acaso es necesario con tal de sanar. ¡Cielo oscuro!, no me pierdas de vista que aún no tengo ganas de morir.

 ¡Tiempo!, dame tu mano y regrésame al inicio dónde todo este dolor no existía.

¡Tiempo!, ya no me abandones, guarda una pequeña historia para lograr sobrevivir.

¡Tiempo! ayúdame a por fin despertar de esta horrible pesadilla.

 

 

Inspirado en la canción: Indestructibles-Torreblanca (Álbum: «El polvo en la luz»)