Créelo… ¡Eres la elegida!

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Creyó que la estrella no sólo se acercaba a iluminar su espacio, sino vio que la abrazaba, intentando protegerla. Quizá de un rayo, quizá de una nube negra que se acercaba, quizá de la lluvia… De esa lluvia que la estrella conocía y ha sentido tantas veces. Esa lluvia como las lágrimas que brotan de los ojos de aquella mujer que estaba a su lado.

La estrella joven aún no sabía qué hacer, ya que no conocía el dolor. Y menos ese dolor por amor.

Ella, esa estrella brillante sólo sabe de alegría, conoce otros astros como ella que gustosos cada noche salen junto a la luna, a cantar, a bailar, a reír y entre más ganas tienen, más brillan. Ayudando a muchas personas por medio de su luz a andar por lugares que de otra manera serían tenebrosos.

Así que al ver que aquella mujer sólo lloraba; angustiada y haciendo un esfuerzo inimaginable pudo hablarle:

-¿Qué son esas cosas que salen de tus ojos? Se parecen tanto a las que le salen a las nubes-

La mujer sin tomar conciencia del milagro del cual estaba siendo testigo, le respondió por inercia: -Lágrimas, se llaman lágrimas.

-¿Y por qué te salen? ¿Tú haces que las flores crezcan, los árboles florezcan, se limpie el mundo y todo eso que hacen las nubes?

-No. Yo no hago nada de eso- respondió la mujer.

-Entonces, ¿por qué lagrimear?-

-Llorar. Se dice llorar…- exclamó la mujer.

-Bueno- dijo la estrella -¿por qué llorar?-

-Lloro por tristeza, por impotencia-

-¿Y por qué?

-Porque el hombre que amo no entiende las dudas que a veces me inundan-

-A ver…- dijo la estrella -Intentaré entenderte… ¿Se puede amar y dudar? ¿Puede el corazón estar enamorado y el cuerpo triste? ¿Ese es el amor que dan los humanos? Es que no entiendo… Porque por ejemplo yo, así como me ves de pequeña, siento una gran emoción cuando ya sé que saldré a iluminar, a acompañar a la gran señora luna. Y sé que no soy la única que lo hace, también sé que quizá hay unas estrellas más grandes, bonitas y ¿por qué no? Más brillantes, pero ¿te digo un secreto? No me importa. Porque yo sé quién soy y lo valiosa que me vuelvo al salir a hacer lo que a mí me corresponde y lo hago con amor. Pasó mucho tiempo hasta que alguien un día me vio, sí, entre tantas estrellas y pudiendo elegir a la que fuera, me vio a mí, como ese hombre lo hizo contigo; y yo lo último que hago es dudar. Porque sé que si todos los días que me ve, yo brillo más y sus ojos serán sólo para mí. Quizá habrá alguna noche que una nube me tape y esa noche no me vea, pero eso no quiere decir que me olvide o me deje de querer, simplemente fue un evento no programado, pero al otro día, sé que ahí estará… Platicándome, viéndome y como lo he escuchado decirme: amándome-

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-¿Amándote?- interrumpió la mujer en un tono sarcástico.

-Sí- continuó la estrella -AMÁNDOME. Porque dice que yo lo inspiro, que me admira, que sueña conmigo y que se inspira con mi luz para escribir.Y bueno, si yo que nunca lo voy a tener junto a mí, ni tocar, ni nada, soy feliz, pues con mayor razón tú deberías serlo-

-¿Él te ama también?- le preguntó a la mujer .

-Sí. Me ama-

-¿Entonces? ¿Para qué sufrir? ¿Para qué atormentarte? ¿Para qué llorar? ¡No! Tú siéntete como yo, única, con un brillo especial y amada. Si un día lo ves como si a él una nube le tapa los ojos, no te desesperes, tarde o temprano se quita. Creo que debes darte cuenta de lo valiosa que eres y si él vio tu brillo sobre el de otras, pues sigue así… No te apagues! Demuéstrale con amor que valió la pena que lo hiciera… No mates tu luz con dudas. Porque él no duda, ahí está, la que duda eres tú. Él no es el que llora, porque no es necesario. La que llora eres tú y si tus lágrimas no ayudan en nada, pues sólo es agua desperdiciada. Cree en ti. Confía en ti y verás que nunca más volverás a sentir esas cosas que no ayudan. ¿Prometes hacerlo?-

En ese instante aquella mujer ensimismada en su tristeza, se dio cuenta de que estaba hablando con… ¡Una estrella!

Se limpió los ojos y cuando iba a responderle a la sabia estrella, se percató de que todo había sido un sueño.

Pero no cualquier sueño y mucho menos cualquier estrella… Fue una bella luz que le cambió la perspectiva de las cosas y que cada una de las palabras que le dijo eran tan ciertas que se levantó con toda la seguridad de saber que tal como escuchó, su luz es lo suficientemente intensa como para seguir siendo la mujer de la que ese hombre está enamorado…

Y así seguirá si ella deja de llorar y de nuevo vuelve a confiar en el poder del amor.