Con alas de esperanza… ¡Vuela!

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Cada ser humano llega a este mundo con una historia diferente pero todos tenemos algo en común… sufrimos, llevamos a cuestas lecciones duras de superar, se nos hiere a veces tanto y tan profundo que las cicatrices duelen, aun después de mucho tiempo, incluso toda la vida.

Ciertamente todas las desventuras, tropiezos y sinsabores que vivimos nos hacen más fuertes, nos convierten en personas más poderosas, somos menos vulnerables a medida que nos levantamos de cada caída, y finalmente, entre más veces nos hayamos hecho añicos, más sólidos nos volvemos.

Cuando has sido reiterado objeto de traiciones, injusticias, injurias, cuando has sufrido enfermedades graves, cuando has sido atacado en lo profundo de tú ser, cuando has perdido las fuerzas al perder a un ser querido, quizá en el peor de los casos has tenido que sepultar a un hijo, un padre o madre, un hermano… esos son momentos en que tu alma llora sangre, tu espíritu se quiebra totalmente y tu cuerpo físico se agota, hasta el punto de doblegar tus rodillas.

Cuando has padecido ya poco o mucho de lo anterior, es muy simple tomar una actitud negativa, es simple renegar, culpar a terceros, enojarse con el mundo, incluso con Dios. Por otro lado suplicas alivio, pides ayuda, luz, iluminación, eso en el mejor de los casos.

En un escenario fatalista, crees ser el único sobre la tierra que sufre, te falta el aire, llorar no te ayuda, al contrario sientes que te hundes, el cuerpo te duele, el corazón se cae a pedazos, y es en ese momento que tu fe, tus creencias, o lo que sea en lo que creas, incluso si te hace sentir fuerte una piedra… Eso en lo que crees, se convierte en tu salvavidas.

Debes aferrarte a algo o alguien,  lo que sea, pero ¡aférrate!, y hazlo con angustia desbordada, por ningún motivo te permitas caer más. Las circunstancias amigos, duelen tanto como le demos nosotros el poder de lastimarnos; lo sé… muchas de las veces, el dolor es involuntario y fue tan grande el impacto, que resulta treméndamente difícil asirte de un salvavidas, pero no es imposible y tienes que encontrar la oportunidad para hacerlo.

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La mayoría de las veces, esté objetivo deberás alcanzarlo solo. Te ha pasado seguramente, que muchas personas importantes a tu alrededor se acercan, te ayudan, te dan un abrazo para confortar el dolor, están ahí a tu lado para escucharte y en verdad eso es bueno, comienzas a hablar y ellos te escuchan y eso te sirve, pero de poco vale, si es que no tomas aire y te impulsas por ti mismo a salir del hoyo. Nada ni nadie, puede sacarte de ahí, más que tú mismo.

Has escuchado una buena cantidad de veces la frase aquella que dice “aquello que no te mata, te hace más fuerte”… es una verdad absoluta en la vida. Así como una herida física por tremenda que haya sido, cierra, sana, se cura por completo, de igual manera se sanan los dolores del corazón, del alma; quedan profundas, muy profundas heridas, que poco a poco sanan, hasta llegar al punto en que cierran por completo, pero que sin embargo siempre estarán ahí, en forma de cicatrices.

Esas cicatrices son un claro testimonio de lo que has sido capaz de franquear, son el recordatorio de las luchas vencidas, de las guerras que has librado de aquellas pruebas que han puesto en juego tus más profundas fibras. Poseer cicatrices debe ser motivo de orgullo, es un motivo de grandeza, las cicatrices son vida, son sabiduría, madurez.

Después de caer al suelo, te has puesto de pie, te has sacudido los restos de miseria cargados; ahora tus heridas son cicatrices y con la frente en alto y todo tu ser renovado, te has puesto las alas de la esperanza y te dispones a volar… a continuar viviendo, a buscar el camino, que aunque sea errado sabrás enfrentar, porque ahora, después de toda tu experiencia, tendrás la suficiente humanidad para perdonar, la voluntad para luchar y el amor más grande para ofrecer.

Cada vez que sientas ahogarte, que las fuerzas se te acaban, que la vida te de un noc out… Permítete sanar pero siempre opta por tener las agallas de colocarte las alas de la esperanza… y vuela, vuela alto, continua sin mirar atrás. Siempre serás una mejor persona después de cada golpe bajo y después de todo, como siempre…

¡LA VIDA SIGUE!

 

Por: Laura Calderón.