Cómo me convertí en un «chulo de musas»

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Una de las muchas canciones del señor Joaquín Sabina dice en una parte que “no hay peor nostalgia que añorar lo que nunca jamás sucedió”; y tú eres parte de esta terrible nostalgia, esa que acecha nuestros encuentros fugaces en los pasillos de un recinto lleno de recuerdos, esa que se nutre de nuestra correspondida y constante indiferencia, esa que obtiene placer al ver que uno espera cada vez más del otro, sin que ninguno de los dos tome un poco la iniciativa.

Otra gran frase que recuerdo del “Flaco de Úbeda”, es aquella que dice “la paz que has elegido es peor que mi guerra”; pues sin querer, el constante debate que se encuentra en mi mente me tiene pensando en ti, en acercarme de nuevo, sin embargo tú, desde el lugar en el que te encuentras tranquila, recibes noticias de mí, de esta ridícula forma de extrañarte y de cómo evito encontrarte en cualquier lugar, de cómo nuestros amigos saben que te sigo queriendo aunque tú no admitas que sientes lo mismo.

Gracias a Joaquín me doy cuenta de cómo están las cosas, pues “asociado en sociedad con tales socios” tú, yo y todos “se pueden imaginar, que los amores van mal, la salud ni fu ni fa, y no van bien los negocios”; hace algunas semanas que estoy aquí sin estarlo, que mi presencia es un fantasma que ronda los recuerdos de lo que pudo ser, que sin notarlo mi mente está contigo y mi alma se ha quedado sin tus brazos y su abrigo.

Fue Sabina quien me recordó que “las damas de noche” esas “que en el asiento de atrás de un coche, no preguntaban si las quería”, son aquellas damas que mantienen mi mente cercana a ti, sin importar que tampoco me hayas preguntado si te quería; sé que esa pregunta ronda tus pensamientos con cierta frecuencia, frecuencia que se ve delatada cuando cruzamos miradas, cuando me observas, cuando te observo, cuando no quieres que te cuenten nada de mí, excepto la historia completa de cómo me enamoré de ti.

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Incluso cuando vino a la ciudad, un primo del “Flaco”, ese que es “vecino de Estambul” y “rey de Algeciras”, al mismo que “cuando canta, le tiembla el corazón en la garganta”; recordé con una de sus canciones que “no hago otra cosa que pensar en ti, por halagarte y para que sepa, tome papel y lápiz y esparcí, las prendas de tu amor sobre la mesa, buscaba una canción y me perdí” en algunos versos de Joaquín.

Noté al escribir “Una perspectiva acerca de Paula”, que estaba siguiendo uno de los consejos que el “Nano” le dio al “Flaco” alguna vez, uno no puede pretender conquistarse a las musas llevándoles flores, sacándolas a pasear en carros de caballos, llevándolas a cenar percebes, no, las musas no entran en esto”, a lo que Joaquín le contestó, “pero sin pasta las musas no vienen”, replicando el “Nano” con lo siguiente: “no, las musas sí, las putas son las que no vienen…”

Fue así cómo noté que los obsequios no surtirían ningún efecto, y que quizá este último poema lograría convertirme en un “chulo de musas”, ésas a las que según el “Nano” se les conquista con poesía, con música, con arte, con la inspiración que ellas, mejor dicho: Tú me brindas.