Change your shoes, change your life…

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Una mirada turquesa, fija e infinita. El sonido de las olas acompañadas del viento con un fondo verde tropical. La mente en blanco pero el corazón acompañado de ti y bebiéndome el pacífico en tragos de sangre.

Te liberé. Sí, pero anoche me visitaste en mi sueño, y la iguana de la playa tiene tu nombre, entonces me pregunto yo, si sólo tal vez no quieres irte del todo. Ojalá hubieras dejado huella sobre arena, de ésas que se borran enseguida. Pero aquí estoy en el afrodisíaco paraíso sedienta de ti, de nosotros.

Me pierdo, pierdo la mirada en el mar y luego en el cielo azul, pero me interrumpen unas faldas verdes que bailan al ritmo del viento; entonces veo a un ave de esas que son tan libres que pueden volar a donde ellas quisieran, a donde el viento las lleve, sin embargo observo que siempre regresa a la misma piedra y sucede que me identifico con ella; me recuesto y tendida no pienso, pero siento el corazón lleno, y es que en definitiva a ti te he regalado mis más satisfechas sonrisas, mis más sinceros sentimientos y el adiós más difícil.

Estoy aquí en un lugar lejos de casa, lejos de ti, lejos de todo y de todos, donde el viento es cálido y fresco a la vez, las olas me arrullan al anochecer. No hay estrellas para pedir deseos, ni luna que ilumine la noche, así que prendo una vela sobre la arena y el cielo nublado acompaña mi melancolía, como desearía que estuvieras aquí.

Por: Verónica Posadas Marroquín.