Carta para el que alguna vez, fue mi amor platónico.

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Para: Mi viejo amor platónico.

Te he contado muchas veces que si ahora soy distraída y medio torpe, hace algún tiempo lo era mucho más, encerrada en mi mundo y con mi pequeño círculo de amigos. Un día, alcé la mirada y te vi. Nunca te había visto y aún no me explico por qué; te vi y sé que nunca me había ocurrido tan pronto lo que contigo.

Se me había vuelto una manía echar un suspiro cuando te veía por ahí y hacerme más pequeña cuando por casualidad me mirabas. Me encantaba mirarte: tus ojos, tus pestañas, tus cejas, tu nariz, tus labios y tu barbilla, moviendo la cabeza al ritmo de cual sea la canción que escucharas. Todo soñado, nunca pensé que llegaría a conocerte realmente, o siquiera cruzar palabra alguna vez. Verte por ahí bastaba para sacarme una sonrisa durante el día.

Y hasta ahí, todo bien… hasta que un día se dio la oportunidad de conocernos y las situación cambió. La química fue inmediata, hablar contigo era bastante agradable, el cómo coincidíamos mucho en opiniones y en las que no, nos complementábamos. Ambos pasábamos por un momento difícil, choque de emociones, una ruptura; pero aún con eso supimos sacarnos sonrisas. Todo pasó muy de prisa: Las canciones, las charlas por horas, nuestros lemas de vida, las citas, los besos, las cartas, fotografías, fugas por la madrugada, mis pies descalzos por el pavimento y la adrenalina recorriendo nuestras venas;  la lluvia, errores de jóvenes, secretos y un poco más…

Hace no mucho escuché que es importante recordarle a una persona qué es lo que más te gusta de ella, para que aquello que haya entre ustedes perdure. Y aunque quizá sea tarde, de ti amaba tu comprensión, el cómo repetías que me apoyarías en todo, que no cuestionarías mis decisiones si eso me hacía feliz, que entenderías; y por no decirte aquello que adoraba de ti, acabó. Todas las cosas que me decías y me hacían sentir segura, que podría superar aquello y al final del camino ahí estarías… resultaron ser mentira.

Después de la supuesta comprensión iniciaron los reclamos. Yo intenté ser sincera desde el primer momento y ante tu comprensión creí que las cosas, aunque fuese poco a poco, marcharían bien. Es difícil no saber lo que la otra persona piensa en realidad, más allá de lo que dice o quiere hacerte creer. Es difícil pretender correr con los ojos vendados sin siquiera haber estado antes en la pista de carrera. Es difícil elegir un camino cuando éste no cuenta con señalamientos, cuando no hay alguno que tenga un guía, cuando ni siquiera sabes a dónde quieres llegar.

De manera inconsciente (O consiente) me recordabas cada que podías que yo no era necesaria en tu vida. Que conmigo o sin mí la vida te sabía a lo mismo. Siempre has buscado tu felicidad, tu meta, tu trayecto… y eso involucraba que si yo no cumplía alguna expectativa o no respondía como tú deseabas, dejabas de hablarme, mientras yo pedía comprensión y no te quería perder, realmente no quería perderte; me había acostumbrado a ti, a quererte y creer en la posibilidad de que cuando estuviese lista podría ser la mujer que tú querías. La mujer que quieres.

Me equivoqué al igual que tú. Yo por aferrarme al pasado y con mi mente aún de niña soñar con cosas que en ese momento eran imposibles; tú, por mentir y presionarme al buscar un futuro. Tu cambio al cansarte fue bastante evidente, ya no estabas cuando me sentía sola y lloraba, decías que contigo ya no contaba, que no me necesitabas.

Palabras hirientes, justo las adecuadas para partirme en dos. Y por todo aquello, no te culpo. Tú estabas dando todo mientras yo no parecía avanzar ni la mitad. Llegué a quererte de una manera increíble, pero mi actitud y la tuya no nos llevaron a nada. Llegué a necesitarte pero me encontré totalmente sola cuando decidiste darte por vencido. Me diste la espalda, y quizá yo hubiera hecho lo mismo. También te hubiera hecho creer que era una mujer plena y mi felicidad no dependía de ti. También hubiera dicho palabras hirientes, y buscado la manera de alejarme al ver que aún pensabas en alguien más. También hubiera buscado a un chico mejor, que te superara, y también te hubiera dejado en momentos difíciles. También lo hubiera hecho, hubiera pensado en hacerlo para luego retractarme y estar siempre ahí, no aparentar estar sino realmente estar.

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Dejamos de frecuentarnos. A veces me gusta releer tus cartas, escuchar las canciones, cerrar los ojos para rememorar tan tremendas locuras a tu lado; y sonrío, y me dan ganas de volver a tomar tu mano por la madrugada en aquel auto que guarda muchas historias. Me encanta pensar que nuestra historia, tan joven y apasionante, sigue ahí, intacta, esperando el momento de volver a ser vivida.  No habrá nada que se acerque a lo que tú y yo vivimos, ni nadie que te reemplace en aquella hermosa parte de mi vida.

La diferencia, es que hoy ya no soy aquella chica con tremenda inseguridad de perder a una persona de las que más ha querido y culparse por ello, culparse por todo. Ya no temo a quedarme sola, porque ya lo estuve y lo superé. Ya no soy quien se disculpa por todo, pues también se vale que piense en mí. Sé que tengo derecho a equivocarme cuantas veces quiera, soy humana, puedo retractarme, puedo confundirme, puedo ser torpe. Y en gran parte, gracias a ti, ahora soy yo quien no necesita de nadie para sentirse feliz y plena. Me siento cómoda con quien soy, con lo que tengo y con lo que sé que puedo lograr. Y sobre todo, ya no me avergüenzan mis decisiones, ni mis acciones, ni mis errores, pues todo lo que hago y he hecho es porque así lo he deseado en el momento, porque ya lo he pensado y decidido. Los reclamos son una pérdida de tiempo, no solucionan nada. Lo que pasó fue estupendo y si terminó fue porque así tenía que ser.

Gracias por las miles de lecciones y aunque no llené tus expectativas, me hiciste muy feliz. No tengo prisa para encontrar a quien me haga suspirar nuevamente, con quien pueda poner en práctica lo que sé y esperar a cambio el mismo amor que yo le entregue. También sé que tú sigues en busca de tu chica ideal, la cual valore lo que hagas por ella y sea perfecta para ti. No como yo.

Y bueno, no está de más decir que  TE QUIERO, no sé de qué forma pero así es esto. Aunque pude haber hecho muchas cosas, la que mejor me resulta es permanecer sin atadura alguna cuando me necesites, es lo que siempre me ha salido mejor. Multipliqué mi locura y a pesar de que en ocasiones me siento vacía, encuentro la manera de darme fuerzas yo misma.

Ya soy fuerte, como una vez me pediste, y tu contribuiste a ello, gracias. Gracias por, de alguna manera, no alejarte del todo.

Si el amor fuera una persona, serías tú.

 

 

 

Escrito por: Mayeli Tellez