Carta de un hijo inconforme

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Cuántos de nosotros no hemos llorado y no me digan que nunca lo han hecho. Llorar es una forma de limpiar el alma, de ser libre de tantas cosas que nos tenían atadas. La soledad, por lo consiguiente, es una forma de escondernos de todo aquello que nos puede lastimar; de guardar todo aquel amor que podríamos dar, pero ya todo cambió…  ya a todos les da igual el amor, lo que importa según muchos, es lo material.

A las personas, en vez de que le sobre tiempo, les hace falta. Se han vuelvo esclavos del trabajo y de todo aquello que le beneficie materialmente: un ejemplo serán tus padres o sea sólo mamá o papá. Pregúntate cuánto tiempo te brindan y la respuesta quizás sea nula: ellos no saben lo que queremos en un futuro, no saben qué música nos gusta escuchar, qué libro leer, qué necesitamos, a qué aspiramos, y eso le pasa a muchos. Has intentado comunicarte y quizás ellos igual; pero lo único que en realidad les falta, es poner un granito de interés.

Nuestros padres quieren lo mejor para nosotros, pero ellos creen que con darnos dinero cada vez que se los pidamos, es lo correcto; no lo es. Por una parte nuestros padres suelen recompensarnos por el tiempo que no pasan con nosotros, pero lo único que quizás queremos, es un poco de amor y convivencia familiar.

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Sé que para ellos no es fácil entendernos, a lo que ellos le llaman «la edad de la punzada» para nosotros es algo difícil, porque vemos la vida de una forma diferente y nos aterra arriesgarnos. Necesitamos a alguien que nos comprenda y no nos grite cuando llegamos tarde a casa, o cuando la directora del colegio llama para decir que no hemos ido a la escuela. Sé que en ese momento nuestros padres quieren una explicación concreta y la merecen, pero que no nos aturdan con los errores que tiempo atrás ya hemos cometido, pues les diré que de aquello ya he aprendido y sufrido.

Con castigarnos no ganarán nada, lo único que conseguirán es que crezca un odio que a la semana pasará, pero no he de olvidar.

Lo que necesitamos es confiar uno en el otro para que nos escuchen cada vez que estemos llorando o cuando algo salga mal; lo único que necesito es que estén conmigo cuando los necesite.

Y si este no es tu caso felicidades, cuida lo que tienes en casa: esa confianza mutua.

«Esta es una carta de un hijo a un padre y/o madre, de una vida que le reclama a la sociedad, de un corazón que lo único que necesita es amar»