Carta al hombre que no supo luchar por mí

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En realidad no sé cómo comenzar estas líneas, tengo mil argumentos en la cabeza que quisiera gritarte de frente y exigir explicaciones a cada uno de ellos. Pero en este momento creo que ni siquiera tú tienes la respuesta concreta a tu decisión.

Has decidido dejar de luchar por mí, o mejor dicho, has decidido NO luchar por mí, porque ni siquiera empezaste. No tuviste el valor de iniciar esa batalla para recuperar nuestro amor.

No busco culpables de lo que pasó, no busco regresar el tiempo y hacer las cosas diferentes. No me arrepiento de nada. Ese día estallé, lo sé, mi error. Pero cuando se supone tú eras mi calma, no moviste un dedo por apaciguar la tormenta que se nos venía encima. Y ahí entendí… Ya no querías luchar por mí.

Te he llorado, te he besado, te he abrazado, he pedido a Dios que no deje que sea la última vez que te vea. Nada de eso sirve, y he pensado, ¿porqué debería yo luchar por alguien que ya no quiere enfrentar la vida junto a mí?

Decidiste desechar 427 días de relación, un millón de «te amo» y varias noches de risas interminables. Decidiste que no valía la pena continuar.

No pienso obligarte a seguir a mi lado, a secar mis lágrimas, a calmar mis miedos, cuando no eres capaz ni de calmar los tuyos. Pensé que nuestro amor era lo más grande que podíamos tener, ahora veo que tu temor es aún mayor.

Decidiste no luchar por mí y quizás ni siquiera sepas el porqué. Sólo espero que ese asiento de avión vacío no te dé las respuestas, pues podría ser ya muy tarde para emprender la lucha por recuperar nuestra historia.