Carta a mi madre

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Madre, es tanto lo que tengo qué decir y agradecer a tu persona, que no sé por dónde empezar… ¿Qué tal si comenzamos por aquella tarde que acariciaste por primera vez tu vientre sabiendo que yo estaba allí? O ¿aquel momento en que decidiste traerme a este mundo a pesar de la adversidad? En realidad no importa por dónde inicie, sería un ingrato si destaco alguna cosa, pues todo lo que has hecho ha sido con amor.

Sería un absurdo cuestionarme incluso si fui parte de tus planes de vida o no, es tan trivial eso por todo lo que me has demostrado.

Recuerdo cuando te ibas ajustada de tiempo camino al trabajo mientras mi segunda madre se hacía cargo de este niño que ahora es un hombre, para que pudieras darme lo mejor de acuerdo a lo que querías para mí; quizá aún esté en mi mente porque lo sigo viviendo, cuando tenga veinte, treinta, e incluso setenta años seguro estoy que todo seguirá igual, hasta tu último aliento y más allá de ese instante.

Cuando la tormenta abruma mis días, encuentro tu luz en el momento justo, tu brillo me hace renacer, situaciones que no están a mi alcance las resuelves de tal manera que lo haces ver tan simple, aunque la dificultad sea extrema o inclusive inalcanzable para cualquier otro mortal.

Acompañas cada una de mis mañanas con tu valiosa sonrisa que a la misma luna causas envidia, porque iluminas todo a tu paso a pesar de que el panorama resulte sombrío. La dualidad que forjaste al ser madre y padre fue la fortaleza que Dios te ha concedido para ser esa mujer incansable, trabajadora, llena de vida y participe de la mía.

Faltarían palabras para describir lo que eres, incluso la Real Academia de la Lengua Española ha de tener un serio conflicto por no tener los adjetivos que el ser humano busca para poder describir a un ser tan maravilloso, tan perfecto, iluminado y que sólo puede tener un origen: La divinidad.

mama

Eres ese ser maravilloso que reside en esta tierra, la mejor médico, enfermera, psicóloga y cocinera, ¿dime en qué momento te diste tiempo para estudiar cada carrera? Si apenas te das tiempo para ducharte en la bañera.Gracias por acompañarme en cada viaje, por más corto o largo que sea el recorrido, siempre tendrás un buen mensaje para este tu hijo. Gracias por nutrir mi vida de valores y de buenos días. Si soy feliz es porque mis sueños han sido producto de tu emoción, de tus ganas de ver en mí a un hombre de bien, de acuerdo a tus estatutos.

Y si lo anterior no alcanza a describir lo que tu hijo reconoce en ti, entonces madre mía, toma asiento y déjate consentir…

Pues ese ser que con orgullo cargaste en tu vientre, daría la vida por ti. 


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