Carta a mi corazón

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Querido corazón: 

Sé bien que a estas alturas probablemente te encuentres aún enfadado conmigo, pensando que no me esmero lo suficiente por hacer que estés bien. Sin embargo, me atrevo a escribirte estas líneas con la intención de explicarte las razones por las que he actuado como lo hice, pretendo que intentes entender un poco la versión «racional» de mis acciones.

Reconozco que te hice sufrir mucho, sé que en su momento no entendiste por qué tomé las decisiones que tomé, por qué decidí hacer algo que te haría y te hacía sentir terriblemente mal, pero de verdad, lo hice por tu bien, aunque no pareciera así… Siempre fue por tu bien. Ya ha pasado un año, yo sé que estás mejor y que ahora, aunque de pronto te invade esa sensación de vacío repentino que tú y yo conocemos muy bien, confío en que ya me puedes entender y ya me has perdonado por todos esos malos momentos, por tanto llanto, por tanta pesadumbre.

Quisiera que supieras que me siento orgullosa de ti… ¿Sabes? Realmente me ha sorprendido descubrir que eres mucho más fuerte de lo que llegué a pensar. Me has demostrado que estás hecho de buena materia, que, aun con lo que puedas estar sintiendo, sigues latiendo, continúas conservando la entereza ante la adversidad y sigues acogiendo y atesorando con gran cuidado cada una de las cosas que te han hecho sentir alegre, porque, entre toda la oscuridad que te rodeaba, también hubo momentos que te alegraron, que te hicieron sentir bien y que fueron como una tabla de salvación en medio de todo un océano de tristeza.

Con esto no quiero decir que ignoro el daño que te he causado, no ignoro para nada todas esas heridas que llevas a cuestas, tengo conocimiento de las cicatrices que dichas heridas (y heridas anteriores), han dejado en ti como huella de las decepciones a las que te he enfrentado. Quizá desearías estar en otro lugar, con alguien menos emotivo, alguien que anteponga la razón a las emociones, alguien que se deje de sentimentalismos y te proteja con esas armaduras impenetrables con las que muchas personas se protegen. Pero te tocó estar conmigo, y yo no soy así; te consta que he intentado serlo, he intentado volverme fría, insensible, pero también te consta que no he podido y que no volveré a intentarlo.

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Sin embargo, podría asegurar que, con todo y mis errores, con mis descuidos y mi emotividad, tú no serías como eres ahora de no haberte forzado a ser valiente y enfrentar situaciones adversas que en su momento pensaste que no podrías superar. Quiero reconocer tu valor, tu capacidad de seguir manteniendo la nobleza, a pesar de tener muchas justificaciones para poder renunciar a todo sentimiento positivo, a todo eso que te hace vulnerable.

Quiero agradecerte que sigas creyendo en el amor, que sigas provocándome emociones distintas, lindas, indescriptibles; que sigas emocionándote con un poema, con una película, con una buena noticia. Te agradezco que me recuerdes que siempre hay un por qué en todo lo que sucede y que no desistas en defender tu postura ante lo que realmente eres y deseas en esta vida. Gracias por NO permitirme ponerte una coraza a manera de defensa, en el fondo sabes que no sería justo privarte de lo lindo que hay en el mundo, aunque de vez en cuando debamos sufrir un poco.

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A mi convaleciente corazón, hoy le digo que lo admiro y lo respeto. Hoy le reitero mi compromiso por ser más cuidadosa, me comprometo a ser mejor persona, a no llenarlo de sentimientos negativos y a dejarlo ser como siempre ha sido, pero con más conciencia al momento de manejar los asuntos sentimentales. Porque a final de cuentas, ese corazón en mi interior, sólo me tiene a mí, y yo sólo lo tengo a él, ambos nos complementamos y debemos ayudarnos mutuamente cuidándonos y confiando en que lo que hagamos, nos beneficiará a ambos, pero sobre todo, nos hará alcanzar esa felicidad que ambos anhelamos y que sabemos que merecemos. 

Querido corazón… ¡Es momento de levantarnos, sacudirnos el polvo y encarar a la vida con una sonrisa!

Juntos podemos hacerlo.