Besos, caricias y tú…

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Aún tengo el olor de tu piel incrustado en la mía, aún puedo oler tu perfume sobre mi piel y sentir tus manos acariciándome; recordar todo lo ocurrido hace que todas mis terminaciones nerviosas vuelvan a vibrar.

Tus manos acariciando mi espalda, provocándome cada vez más, tus besos tiernos y apasionados deseando encontrar el deseo que poco a poco salía de mí.

La manera en la que lograbas seducirme haciendo que el calor interno de mi cuerpo aumentara y aumentara hasta dejarme llevar, de repente el suéter dejó de ser necesario, estorbaba e impedía que el calor saliera, tú seguías besándome al igual que yo a ti y bastaron unos segundos para dejar de necesitar la demás ropa.

Mi cuerpo sobre el tuyo, tus caricias, tus besos, tu piel, el escenario perfecto, el calor de ambos, una mirada y de repente… Esa sensación de tenerte dentro de mi, poco a poco, despacio, más besos, más rápido.

Tu sudor y el mío, el calor nos envolvía y tus caricias me estremecían, en ese momento mágico sólo importábamos tú y yo. Tu mirada revelaba lo que mi alma sentía y tu calor entendía lo que mi cuerpo pedía.

Me fundí en el deseo y el calor de aquella noche perfecta, me fundí entre tus brazos y tu piel, me fundí para renacer de nuevo, para no dejarte ir.