Basta del «¿POR QUÉ?»… Mejor pregúntate: ¿PARA QUÉ?

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¿Te seguís preguntando por qué? ¿Hasta cuándo vas a seguir dándole vueltas a ese tema que está en el pasado? Entiendo que fue algo importante en tu vida y que hasta hoy sientes sus consecuencias. ¿Aceptas que lo que vives hoy ya no es igual y que mientras sigas remordiendo, tu mente no te dejará en paz?

No hablo de olvidar sino de “comprender” y «aceptar» que tu vida sigue. Deja de revivir esa vieja y mala decisión, lo que te sacaron, aquellas pérdidas, ese descuido, el engaño, no haber dicho o hecho, el abandono, etc.  

¿Por qué? Porque cada vez que lo haces vuelves a sentir dolor. Las respuestas están allí, pero no siempre de la forma que nos hubiese gustado recibirlas. Si miras a tu alrededor, si miras tu vida hoy, tal vez aceptes que lo que pasó, también es parte de tu vida y comprendas que todo lo bueno que has creado; en parte, fue gracias a aquello que aún sigues sin entender.

Te propongo que cambies tu pregunta del ¿POR QUÉ? a ¿PARA QUÉ SUCEDIÓ? Y enfoca tu atención en los aspectos positivos que tuviste que generar para superarlo. ¿Qué otros caminos tuviste que abrir? ¿A quién conociste? ¿Qué lograste? ¿Qué aprendiste? ¿Qué nuevas fortalezas creaste?

Recuerda que Aceptar no es comprender, sino dejar de fluir hacia donde no lo necesitas. Aceptar es dejar ir, liberarse. Comprender es reconocer, darte cuenta quién eres.

Aprender es el fin, significa no repetir la historia y seguir creciendo en el camino.