Bajo la lluvia, ya no duele tanto

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Mis ojos se han hinchado de tanto llorar, me he metido a bañar con la intención de quitarme este peso de encima. Mientras me encuentro frente al espejo, no puedo más que mirar mis ojos, tratando de adivinar qué dicen, pretendiendo encontrar en ellos un miserable signo de alegría, pero sólo encuentro una profunda tristeza y decepción, un dolor sin nombre.

Después de cepillarme el cabello, decidí salir a caminar con la única intención de escapar, quizá de comprender por qué pasaba esto. Me he hecho miles de preguntas: ¿Cómo fue?, ¿cuándo ocurrió?, ¿en qué momento decidiste hacerlo?, ¿acaso pensaste en mí o no te importaron mis sentimientos?

Ya no sé de qué me sirven las respuestas, sólo me lastimarán y me dolerán, sea como sea, igual me dolerá. Ese es el destino de las personas como yo, no lo digo porque sea una loca pesimista auto-compasiva, no… En realidad me refiero a que cuando las personas como yo nos entregamos al amor tan ridícula y ciegamente, siempre nos pasan estas cosas, no es culpa de los demás, sino culpa nuestra, nosotros somos quienes nos enamoramos así; por una sonrisa, por una piel, por unos ojos, por unos labios, por eso que a la mayoría de la gente nunca le importa.

Aquella vez había empezado a divagar, a reflexionar sobre lo que no tiene sentido… De pronto comenzó a llover, yo llevaba los audífonos puestos porque quería olvidarme del mundo entero. En una conspiración casi despreciable, el cielo me mostró sus milagros… En la radio estaba escuchando a mi buen amigo Abel Velazquez, la letra de lo que cantaba asemejaba al amor con la lluvia, por ser uno de esos milagros que no podemos entender.
¡Qué caray!, esa canción me la enseñó él, y ahí estaba yo, caminando sin paraguas entre la lluvia, ahí estaba el agua tocando cada poro de mi piel. Así también lo hacía el amor en mi vida, yo dejé que me tocará hace seis años y estaba hoy perdida.

Recuerdo cuando lo conocí, ya venía con el alma rota, ya tenía demasiadas heridas. Yo quise sanar su corazón y con eso elegí mi destino, me había convertido en su curita oficial. Nuestra historia de siempre, una y otra vez se marchaba, para luego regresar con el corazón hecho pedazos, con los ojos llenos de lágrimas, dispuesto a cambiar, pidiendo perdón por el daño causado… Y yo me disponía a sanar de nuevo su vida con la esperanza de que todo fuera distinto, repitiéndome a mí misma una y otra vez: «Ahora sí va a cambiar, ahora sí será diferente, ¡AHORA SÍ VAMOS A ESTAR JUNTOS!

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Cómo me pesan los pies al caminar, cuánto me duele la cabeza, estoy aturdida, los brazos me hormiguean; es el dolor que pesa de una manera que no puedo describir. Sigo caminando bajo la lluvia, sintiendo un poco alivio, pensando que mi ropa mojada pesa un poco más que yo. Comienza una tormenta y no me dan miedo los rayos, no me importa el aire helado, sólo quiero que la lluvia sea más grande que mi dolor.

Esta mañana me dijiste que nos acostumbramos a guardar secretos juntos, que no sabes si mañana sigamos tan unidos como hoy, pero que esperas sea feliz con la vida que he elegido, aunque tú no estarás presente en ella.
Pero yo sólo me atreveré a contarte lo que siento, lo que tuve miedo de contarte hoy por la mañana… A mí también me duele que no sea conmigo, yo también estoy viendo caer mis sueños uno a uno, mi anhelo de formar una familia, mi ideal de vida.. Como tú, me siento herida, me hace daño que la lluvia que te tocó no fue la mía y de todo lo ocurrido, lo que más me duele, es pensar que no te importó mi historia en tu vida.

Así es como sigo caminando, me detengo cuando a lo lejos te miro, me salen algunas lágrimas de los ojos y decido marcharme del lugar… Mientras el agua escurre por mis huesos, me pongo a pensar:

Bajo la lluvia, ya no duele tanto.