Arkelians Vs. Nikelians. ¡Te encantará!

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Capítulo 2.  «El chico nuevo».

–¿E-están todos bien? –preguntó temiendo no recibir ninguna respuesta.

Pasaron unos cuantos segundos, nadie contestó. –¡Alguien! ¡Conteste! ¡¿Están bien?! – reiteró con más fuerza, su voz tembló, estaba asustada.

Buscó a tientas la puerta que conectaba con el otro vagón, cabía la posibilidad de que se había quedado sola sin darse cuenta, quizá la gente estaba en el vagón de al lado, al menos, tenía que aferrarse a la idea para no comenzar a llorar.

La intensa negrura hacía el andar de la chica demasiado difícil y lo hizo aún más cuando el tren echó a andar con gran velocidad, con las luces apagadas. No le quedó otra opción más que aferrarse al asiento más cercano. Tampoco podía escuchar a nadie más a bordo del tren, lo que hacía más temible la situación.

De pronto el tren paró su rápido curso y las luces parpadearon, fue entonces cuando Mía se dio cuenta de que sí había alguien con ella, todo este tiempo un joven de extraño cabello albino la miraba sentado en una esquina del vagón, pacientemente.

–¿Q-quién es usted? –preguntó la chica levantándose del suelo, notó que en su mano derecha tenía un leve rasguño.

–Interesante pregunta pero no estoy aquí para hablar de mí, hay algo que todo mundo te ha ocultado a ti… Y yo voy a llevarte a la verdad, Mia Hausen, o debería decir Amelia Levak – habló con naturalidad, mientras la observaba de pies a cabeza desde su lugar. El tren seguía avanzando y las luces continuaban parpadeando.

–¿De qué está hablando?… –retrocedió un par de pasos lentamente, alejándose lo más posible del hombre–. ¡¿Cómo sabe mi nombre?!

–Sé más, ¿quieres saber dónde está tu madre? ¿La razón por la que los abandonó cuando eras bebé? –

–Estás mintiendo… ¡Estás mintiendo!, ¡déjame en paz! – gritó asustada.

Antes de llegar a la escuela se encontró con la escandalosa Alexa, quien ya estaba coqueteando con algunos chicos de otros grupos, llevaba la falda más corta que Mia, y su cabello, Rojizo, llegaba hasta sus hombros acomodado por una diadema típica del equipo de porristas.

Recordó lo que había visto durante el trayecto del tren y trató de olvidarlo, pensando que quizá solo había sido un mal sueño.

El timbre de ingreso a clases sonó antes de que pudiera Hablar con ella y las dos entraron al mismo paso agitado a clases. En el salón Yinnac y Sorack ya estaban sentados, apartando un lugar para Mia, un chico que coqueteaba con Alexa le dejó su lugar, la maestra de esa hora no dejó espacio para los saludos, rápidamente llegó al Aula.

Era una mujer aparentemente seria, su presentación fue formal, y sin demoras comenzó explicando cómo serían sus clases, enfadando a los alumnos, que estaban ansiosos por que llegara el final de la clase, algunos no aguantaron y platicaron en voz baja

Alexa intentaba hablar con Mia, pero Yinnac ya tenía su atención

Tocaron la puerta de entrada y enseguida fue abierta, El director se encontraba del otro lado y la maestra fue hacia él, dijo algo en voz baja y ella asintió con la cabeza

– Que pase… – pronunció

Enseguida un chico desconocido para el grupo entró sin pena alguna

-Alumnos, este ultimo año tendrán un nuevo compañero, ¿cómo te llamas?- Se dirigió al chico de pelo negro, y ojos azules.

-Mi nombre es Nicodemus- observó cada uno de los rostros nuevos. –

-Nicodemus, toma asiento, hemos comenzado ya la clase, espero y puedas llevarte bien con tus compañeros, pide los apunte más tarde- La maestra Señaló un lugar vacío, indicando que se sentara ahí

Sus nuevos compañeros comenzaron a hablar de él a sus espaldas

Los murmullos comenzaron a escucharse, algunos suspiros también, por parte de algunas chicas

Mia también se sentía presa de la curiosidad, pero algo pasó, Nicodemus caminó cerca de ella y se miraron a los ojos, El chico notó el calor de la su vista enfocada en él, vio el hermoso color de sus ojos, pero eran nuevos para el, enseguida reaccionó y sonrió, ella también lo hizo y pronunció en los labios un «Bienvenido» sin voz, pero él entendió. Sonrió y tomó asiento, sacó de su mochila un cuaderno y una paleta, la cual se llevó a la boca.

La maestra daba el temario de matemáticas y llamo la atención a Nicodemus, haciéndolo guardar su paleta. Pasados unos minutos, de nuevo tocaron la puerta del salón, una chica de cabello negro y  corto a la altura de las orejas y dos mechones un poco más largos resaltaban en la frente, llegó agitada.

– Disculpe Profesora… ¿Puedo pasar? – su voz sonaba entrecortada, señal inequívoca de que había corrido para llegar a tiempo, Por esta razón , la maestra se mostró benevolente y la dejó pasar con una advertencia.