Aquí estoy…

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Yo no miraba alrededor cuando te tenía a ti de frente. Perdía la noción de lo demás. Parece lógico, ¿cómo podía detenerme a mirar ciertas cosas cuando te tenía enfrente a ti? En un ambiente que incluyera tu presencia mis ojos no me permitirían girar a observar algo más.

Eso significaba que tampoco miraba todas las cosas que había y que de alguna se interponían entre nosotros, no veía a todas las personas intermedias. Ésas personas que te alejaban un poco de mí, por representar una posibilidad de cita. Pero todas esas personas que estaban alrededor tuyo, no apostaban tanto por ti, como yo. Miles de personas se alegrarían de que tú estuvieras en su vida, pero yo festejo desde que te conocí.

Quizá por eso, esas personas no hubieran corrido a encontrarte, a cualquier lugar y en cualquier hora. No hubieran hecho algo que les representara miedo o temor, haciendo a un lado lo demás, olvidando su miedo, para buscar la manera de hacerte sonreír. Quizá habrían hecho la mitad de cosas que yo,  pero yo guardaba los mejores momentos para compartirlos contigo.

Ahora te toca responder: ¿Cómo puede alguien querer a su lado a una persona que le demuestre que le importa y cuando lo tiene, simplemente no estar para esa persona?

Y te  digo: “Mírame, aquí estoy». Pero no sirve de nada, estás ciego.

¿En qué dirección mirarán tus ojos cuando lucen perdidos? Pobre de tu vista y corazón que miran hacia otro lado…

En una dirección tan lejana que no se dan cuenta de lo que tienen enfrente.