Ángeles, demonios y amistades… Capítulo 1

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Ángel Triste

Capítulo 1.

El día comenzaba a parecerle tremendamente aburrido.  El cielo se miraba gris y  apagado por la ventana del salón de clases.  Las nubes comenzaron a dejar caer ligeras y suaves gotas, que al estrellarse contra el vidrio de la ventana producían un tenue sonido que arrullaba.  La voz del profesor de historia del arte era tan lenta y de un timbre tan bajo que parecía un leve susurro en la noche.  La chica de cabello bronce maldijo entre dientes la inasistencia de su verdadero profesor, pues hoy tenía un suplente que le estaba complicando el hecho de mantener los ojos abiertos.

─¡Pss!… ¡Pss! ─  se escuchó un sonido detrás de ella y luego una bola de papel impactó en su nuca. Era una de sus mejores amigas, Laira, quien trataba de llamar su atención para mostrarle un dibujo en caricatura del profesor, en el papel se representaba con lápiz a todos los alumnos dormidos y el profesor con un globo de dialogo bastante largo.  Una buena representación de la situación  pensó Ellen después de soltar una pequeña risita.  Luego miró a Laira y asintió con la cabeza, agradecida por la distracción porque de lo contrario iba a caer dormida sobre su pupitre.

Ambas amigas tuvieron que soportar unos cuantos minutos más de clase antes de que el timbre les concediera la libertad.  Una vez afuera, encontraron a la mejor amiga de las dos: Scarlett.

Era regular que tomaran clases juntas, aunque no todas ellas.  Las tres estudiaban en la misma Universidad de Artes, pero cada una hacia una rama en específico.  Ellenour estudiaba para ser escritora, Laira para actuar en teatro y  Scarlett estudiaba pintura.  Se habían conocido durante la preparatoria y ahora, después de dos años de haberse graduado, estudiaban en la universidad y vivían juntas en un modesto departamento, muy cerca de la institución.

─Chicas, ¿Qué tal si vamos por comida japonesa?─ Invitó la voz de Scarlett.

Laira bostezó mientras se estiraba con las manos extendidas a lo alto, luego sonrió y asintió rápidamente─. ¡Vamos!, tengo mucha hambre… ¡Celebremos que hoy es viernes!─

─De acuerdo─ aceptó Ellen mirando a Laira, divertida─. Ah…pero primero debo ir a devolver un libro a la biblioteca…─

─ ¿Esta vez por qué te demoraste en entregarlo? ─Preguntó Scarlett, quien estaba acostumbrada a las tardanzas de su amiga.

─Es que lo leí al menos cuatro veces, definitivamente me fascinó, “Bajo la misma estrella», aah…─suspiró con fuerza─ ¡fue tan hermoso!

Scarlett y Laira se miraron entre sí y soltaron una risa. Su amiga nunca iba a cambiar.

─De acuerdo, entonces te esperamos en el restaurante─ habló Scarlett.

─ ¡Pero no llegues tarde! O comenzaré a comer sin ti. ─ terció Laira con un tono regañón sacando una sombrilla de su mochila.

─Claro Laira ─ se despidió Ellen. Enseguida caminó por el largo pasillo de los salones de literatura rumbo a la biblioteca. La lluvia comenzaba a hacerse tormenta y el cielo ennegrecía cada vez más, dentro de la escuela las luces se convertían poco a poco en la única iluminación que le dejaba ver el camino a la chica.

Dio la vuelta en la esquina donde se encontraba el salón de música y miró por el rabillo de la puerta el piano, los estudiantes de música ya se habían marchado, los pasillos estaban solos.  Siguió caminando hasta llegar a la biblioteca y sonrió al abrir la puerta, ese maravilloso olor a libros viejos siempre la ponía de buen humor, justo cuando ingresó, la instalación eléctrica de la escuela falló y la luz se extinguió.

Ellen decidió moverse para ver si había alguien a su alrededor, caminó unos cuantos pasos hacia adentro  un poco nerviosa y atientas buscó el mueble donde siempre estaba la bibliotecaria. Mientras caminaba chocó con alguien y lanzó un pequeño grito del susto.

─ ¡Lo siento! ¿Estás bien? ─ se disculpó una voz masculina.

En la leve oscuridad de la biblioteca se podían ver siluetas y ligeramente algunos colores, pero Ellen pudo descubrir enseguida que la persona con la que había chocado era un chico y a pesar de la oscuridad podían distinguirse unos hermosos ojos azules mirándola.

─Eh… Sí, estoy bien, disculpa…─ contestó ella un poco tímida.

─ No, discúlpame a mí, es solo que esta linterna no enciende ─ contestó el chico golpeando una linterna contra su mano. Luego de algunos intentos la linterna siguió sin ceder, pero para suerte de los dos la luz eléctrica regresó.

─ Vaya… Qué alivio…─ Suspiró Ellen. Miró al chico que la acompañaba con atención y un nítido sonrojo cubrió sus mejillas, era bastante apuesto, su rostro delataba sus orbes de color claro, su rostro varonil destacaba por una fuerte barbilla y su tono de piel ligeramente tostado combinaba a la perfección con su cabello color negro azabache. Se descubrió avergonzada de sí misma deseando estar envuelta en sus brazos marcados por un claro ejercicio.

Por su parte la mirada del chico también se paseaba curiosa por Ellen, admiró detalladamente sus ojos verdes en un rostro fino y elegante, y su largo cabello color bronce.  Sonrió con sinceridad al darse cuenta de lo hermosa que era.

─¿Algún problema señores?  ¿Por qué no están en el auditorio? ─  la voz de un extraño interrumpió el contacto visual de ambos.

─Todo bien, sólo asusté por accidente a esta dama. ─ respondió calmado el muchacho.

─ ¿En el auditorio? ¿Para qué debemos ir hacia allá? ─  preguntó Ellen confundida.

─Vaya, no les han avisado, diríjanse hacia al Auditorio escolar por favor, caminen. ─ habló un guardia de la universidad.

Los dos asintieron y salieron de la biblioteca rumbo al lugar dicho, una vez afuera, la luz parpadeó y se fue de nuevo, dejando a oscuras a los alumnos y al hombre que los guiaba.

Ellen caminó de espalda a la pared para no volver a chocar con alguien y pensó que el silencio era incómodo en una situación como esa, recordó lo que sus amigas le habían dicho acerca de “romper el hielo” así que decidió conversar un poco con el chico que acababa de conocer, cuando abrió la boca para comentar algo sobre la luz se dio cuenta de que solo ella y el guardia caminaban hacia el auditorio.

─¿A dónde se fue?… ─ preguntó en voz baja.

─¡ELLEN! ─gritó Laira unos cuantos metros detrás de ella, llevaba una lámpara encendida en su mano.