Amigas

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«Amigo»... Cuántas cualidades caben en esa palabra tan pequeña. No a cualquier persona se le puede llamar amigo y también en esta categoría de las amistades, hemos de llevarnos unas cuantas decepciones para poder discernir quiénes son realmente merecedores de este título. Generalmente son pocos, pero la madurez que adquirimos con los años nos hacen ser más diestros al elegirlos y es entonces cuando sabemos que vale más calidad que cantidad. 

Los amigos, esas personas tan especiales que tienen un gran papel en nuestras vidas, pues son con quienes compartimos risas, llantos, momentos buenos, malos y peores. Son nuestros cómplices, nuestros jueces, nuestros paños de lágrimas y nuestros mejores animadores.

 

Este escrito es específicamente para mis amigas; no necesito mencionar nombres, ellas saben quiénes son. En mi experiencia, tengo mucho que agradecerles, pues cuando estuve en mis peores momentos durante todo esto que ha sido mi proceso de duelo y reajuste, siempre permanecieron presentes, sin decir nada si no era necesario, pero yo sabía que podía correr a buscarlas si lo necesitaba.

Gracias a esos momentos de crisis, he podido reconocer la importancia de mis amigas y ahora las valoro mucho más; ahora tiene sentido ese dicho de que “las verdaderas amistades se conocen cuando uno se encuentra en las peores circunstancias”. Fueron quienes me sostuvieron cuando parecía que no iba a poder más, fueron (y siguen siendo) quienes, quizá sin que yo diga nada, con el simple hecho de percibir en mi persona cierto estado anímico, siempre continúan con su ardua labor de recordarme las cosas, siempre ubicándome en la realidad, que, aunque no me guste, no deja de ser lo que es.  

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Dice una frase que leí por alguna parte: «El amor nunca deja de ser». Estoy de acuerdo en que hay diferentes tipos de amor y que el amor nunca deja de estar presente en nuestra vida; existe el amor a la profesión, a los padres, a nuestros hermanos, amor a la vida misma. Mis circunstancias particulares me han enseñado que el amor como pareja, sí llega un momento en que deja de ser, ese tipo de amor sí cuenta con fecha de caducidad en muchas ocasiones; pero el amor por los amigos, ese sí puede y suele ser más perdurable.

En estos momentos creo que estoy mejor que al principio. No voy a decir que ya no siento nada, no mentiré diciendo que ya no lloro porque no es mi intención engañarme, no tiene ningún caso. Soy una mujer como todas, con sentimientos, heridas y cicatrices, soy simplemente un ser humano normal.

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En mi caso, el dolor de los recuerdos aún lastima, aún no hay una resignación completa; pero ya en repetidas ocasiones, varias de estas personas especiales me han hecho ver que eso es normal y es parte del proceso y cuando llegan esos momentos de «bajones anímicos», es cuando mis amigas entran al rescate de mi persona y es cuando yo agradezco su existencia. Ellas son esos ángeles sin alas que están siempre ahí recordándome lo mucho que les duele que sufra, las razones por las que debo continuar; tratan de hacerme ver que, aunque el panorama luzca desalentador, siempre habrá un mañana al que debo encarar.

Este escrito es para ellas, para darles las gracias a cada una de mis amigas por estar conmigo, por escuchar mis silencios y regalarme ese abrazo que con urgencia necesitaba. Por haber llorado conmigo, por haber compartido mi dolor y por siempre tratar de hacerme sonreír, por inyectarme cada día una dosis de optimismo haciéndome ver que todo estaría mejor… ¡Qué razón tenían!

Gracias, por ser y por estar.