Amando el vacío que has dejado en mí…

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Y aquí estoy, un día más a solas sin ti, siguen pasando las semanas y no hay señal de añoranza.

Sigo en el proceso de amar el vacío que me has dejado desde tu adiós.

Cada vez se siente más parte de mí esta anestesia de tu ausencia; poco a poco se va de mí, la asfixia que dejaste aquí.

Ha sido difícil hacerme la idea que te perdí… O más bien, que nunca te tuve, la diferencia es, que ahora estoy consciente de todo. Estoy aprendiendo a vivir con mi soledad y sabes… Se siente bien, no esperar a que regreses como antes lo hacía, no esperar un mensaje tuyo, mucho menos esperar saber de ti a cada instante, voy aprendiendo a estar sin ti y eso se siente tan bien.

Me siento fuerte ante tu indiferencia, otro tanto ante tu ausencia y así pretendo permanecer, me has dado las herramientas para ya no caer ante ti, ya no tienes más efecto en mí.

Llega un punto en el que el corazón se cansa de dar más oportunidades, de ser lastimado una y otra vez sin merecerlo y a final de cuentas eso termina de engrandecerlo y aumenta más su valor.

Por lo tanto, acepto que has dejado un vacío profundo en mí, sigo buscando tu esencia en las personas equivocadas, sigo en proceso de desintoxicarme de ti, es un proceso lento, pero sé que lo lograré y al final del camino, ni siquiera te recordaré.

Voy aprendiendo a estar sola y eso es un pequeño triunfo que lograré, pronto dejaré de extrañarte, pues hace días se volvió mi pan de cada día.

Lágrimas traicioneras se marchan de aquí a ciegas; espasmos de tu adiós no me dejarán más dolor; te brindé mis alas, pero no quisiste volar conmigo; te dí mis brazos como hogar, pero no te quisiste quedar. No te escribiré más, para no recordarte más;  te dejo libre sin más que luchar, te suelto de mí,  porque no fuiste para mí; con la mirada al frente acepto ya no tenerte, comienzo a olvidarte para dejar de llorarte.

Dejaré de llorarte, eso sólo me hace añorarte. Dejaré de mencionarte, para comenzar a olvidarte.