Allí donde obtuve tu franca y humilde entrega…

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Vagabundo.

Si pudiera detener el tiempo, lo haría en el instante en que tu cuerpo y el mío se unieron; en ese preciso momento en que abrí el pecho y hoy ya no puedo escapar… El lapso extraído del reloj que me destruyó la armadura.

Si en la vida quisiera mendigar algo, sería cada una de tus caricias con tal de reencontrarnos una vez más en la vereda donde se cruzan lo inmaterial y lo tangible, donde me arrancaste el aliento de un solo y fugaz momento.

Busco volver al camino donde me hechizaste para conocer más de los trayectos que aportas a la marcha; ésos que hacen ver, más reales que nunca, las ilusiones hechas realidad y los espejismos hechos añicos… Donde obtuve tu franca y humilde entrega.

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Ahora sólo te poseo en sueños, pero ya mañana, cuando otra vez los impulsos olviden usar sus frenos, estaremos uno dentro del otro jugando a llenar los agujeros de estas almas viejas.

Y si la necesidad no se sacia alguna vez, serán muchos mis recorridos por tu piel, donde se queman mis dedos de placer… Y me hallaré en el abismo de la perdición, porque el amor y el sexo no son más que eso…

Seré un vagabundo perdido en tu piel.

«Siempre habrá recorridos que desearemos repetir, como el camino experimentado en ciertas pieles. Más para algunos que sentimos debilidad por el tacto».