Al hombre que más feliz y más triste me ha hecho…

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No, no es tu culpa amor, es culpa mía por no haber entendido tus «claras» intenciones, por haber idealizado con tanta pasión una ilusión y perderme a mí en el intento de amarte a ti; discúlpame por haberme olvidado por completo de mí y de ti también, al aferrarme a no aceptar tu divino derecho de ser y sentir con libertad.
Finalmente le perdí el temor a aceptar que me enamoré, creo que uno es más libre cuando acepta y asume las verdades que pretenden condenarte.

También entendí que extrañar a alguien que ya no quieres más en tu vida está bien, ya no me inquieta. Te extraño, pero eso no significa que te siga amando, vaya a buscarte, quiera verte o tenerte, simplemente te extraño como podría extrañar el frío de invierno, las hojas secas de otoño, o las flores de primavera…

Comprendí que el amor está compuesto de distintas emociones y sentimientos volubles, así que sigo aprendiendo a disfrutar de cada uno de ellos.

Sólo me resta agradecerte por haber sido tú la razón de mis productivas y románticas noches de insomnio, por haberme hecho tan feliz y triste al mismo tiempo, por haber incitado mi pasión por las letras; ahora puedo decir que aún sigo enamorada de los recuerdos, pero de ti, no más…

«Le conté mi pasado, mi presente y mi futuro, le susurré mis miedos y le grité mis sueños. Le enseñé todos mis puntos débiles. Y se fue».
-Anónimo.

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Y después de un tiempo de reflexión a solas, finalmente llegué a la conclusión de que quizá no es culpa tuya el sentirme así, la culpa es mía y sólo mía por haberte sentido tan mío y creerte tan distinto, por haberte regalado ese poder con libertad de provocar tantas emociones y sentimientos en mí, por haber asumido que sentíamos y queríamos lo mismo, por haber escuchado palabras no dichas y confundido tus miradas, besos y caricias, por malinterpretar tus detalles y palabras y esperado con tantas ansias momentos ajenos y claro, mucho más de lo que podías y querías dar…

Por haberte compartido y entregado lo mejor de mí, creyendo que también me regalabas lo mejor de ti.