Al anochecer…

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Al anochecer: Estrella.

Llevo casi doce horas recostada en la cama esperando a que vengan mis padres, quiero que me lleven de vuelta a casa, apesta a medicamento y me duele la cabeza por los gritos que provienen de urgencias. Miro impaciente la puerta, parece que se han olvidado de venir… Hoy también.

Los espero desde hace cuatro días, recuerdo que, la última vez que vinieron, el médico confirmó mi alta para el lunes pasado, y ellos aún no vienen. Estoy adolorida de no poder levantarme mas que cuando viene la enfermera, me duele cada dedo y la pierna sigue con yeso, están tornándose moradas las puntas de mis extremidades. Estoy cansada de todo. Cada día es más extraño mirar a la enfermera, siempre está apesadumbrada, cada día está más molesta conmigo y ayer me dejó caer bruscamente, sentí que no podría mover un músculo, pero fueron cosas mías, ella se fue y terminé arrastrándome al baño. Ya casi termino mi almuerzo. Es horrible que casi no perciba sabores.

Ha aparecido un extraño hombre por la blanca puerta de mi habitación, está recogiendo mis cosas.
– Hola, vengo por ti, soy tu tío Ricardo, ¿me recuerdas? – y, sinceramente, su rostro no se parece al de mis padres. Muevo la cabeza en señal de negación. – Tus padres han firmado tu alta, me pidieron que viniera por su pequeño tesoro – Sonrío, finalmente no me han olvidado -.
– Entonces vamos – digo contenta mientras quito las sábanas de mí.
– Pero debo advertirte que no iremos directo a tu casa, iremos a la mía, ¿está bien? – Tiemblo, he esperado mucho para ir a casa y un extraño me pide ir con él a su casa…
¿Y mamá? ¿Y papá?
– Vendrán por ti más tarde – sonríe forzado
Los quiero ahora.
– No se puede.
– No iré.
– Tu madre autorizó que viniera por ti, ¿está bien? Iremos a la casa de tu madre.

¿De mi madre? ¿No es acaso la casa de mis padres? Giro mi cuerpo en la cama y le doy la espalda al desconocido.