Al amor le cortaste sus manos y pies…

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La costura del «nunca, jamás».

Ocultando tu ternura te vi en un rincón,
coloreando tu ilusión con un crayón azul
e instalándole frenos inhibidores al corazón.

Archivaste mis caricias en el ayer,
colgaste los guantes de una vez
y al amor le cortaste sus manos y pies.

Pero yo sé que en el frío opresor de tu soledad,
cuando duerme tu soberbia y despierta tu conciencia,
lloras de rabia porque me ves en cada rostro, me palpas en cada piel.
Y aunque te mate extrañar lo que dejaste por miedo a ser fiel,
sé que nunca volverás, que jamás me remendarás.

Encadenaste mi reloj a tu cuerpo fugaz,
pero te negaste a toda oportunidad
de continuar lo que fue perfecto y que hoy duele.

Pesa más tu jactancia y tu cobardía
que el hecho de alguien darte hasta sus días.
Dejas la zafra y prefieres la sequía.

Y aunque te mate extrañar lo que dejaste por miedo a ser fiel,
sé que nunca volverás, que jamás me remendarás.