Ahora sólo había una sonrisa fingida y mal actuada, pero creíble

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El día había comenzado bien, había salido el sol y el cielo estaba despejado; ¡pero carajo! a medida que éste transcurría se iba jodiendo. A las dos de la tarde llegaron mis sobrinos, esos pequeñines que escandalizaban toda la cuadra, pero que lograban hacerme sonreír después de aquellos fatales días llenos de llanto y dolor.

Al caminar rumbo a mi recámara me tope con las fotos de aquellas mujeres a quien yo tanto amaba y ya no estaban más a mi lado y no, no hablo de mi madre; aún tengo la fortuna de tenerla a mi lado. Tomé las fotos y comencé pasar una por una, me detuve en una foto que tenía junto a mis hermanas. La miré por algunos minutos y efectivamente, de aquella sonrisa mía ya no quedaba nada, ni siquiera el recuerdo de lo que fue, ahora sólo había una sonrisa fingida y mal actuada, pero creíble.

Dejé las fotos en su lugar y continué mi camino. Al llegar a mi recámara me encerré y encendí un cigarrillo, saqué una botella y serví tres tragos, como cuando estábamos juntas. La melancolía me invadió y comencé a llorar. ¿Cómo es posible que aún duela tanto? Me pregunté, bebí lo que había servido y un par de tragos más.

El fin de semana no había sido para nada como lo había planeado. Y bueno, realmente nada había sido como lo había planeado. Al caer la tarde mis sobrinos se marcharon y con ellos mi madre. Preparé mis cosas y tomé un baño, mientras el agua caía sobre mi cuerpo, las lágrimas comenzaban a brotar otra vez.  ¿Acaso dolía el agua que caía sobre mi cuerpo o dolían los recuerdos que habían llegado a mí esa tarde?

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Cuando me fui a la cama y al darme cuenta de que la soledad era mi única compañía, me dije: «¿No te das cuenta de que eso fue hace mucho tiempo? Has querido guardar silencio desde entonces, como si no quisieras darte cuenta de que aún  permanecen en tu memoria aquellos horribles días. Te siguen a todas partes y los recordarás todos los días de tu vida. ¿Por qué pretendes hacerte la desentendida?» Suspiré.

Esa es la cuestión. Mientras miro atrás, cuando aún tengo fuerzas para sonreír; me doy cuenta de que todo cambió. No era así como lo había planeado. Entonces pienso que me robaron la vida. Y me pregunto: ¿Quién fue?, ¿Cuándo sucedió? Y me refugio en todo, menos en mí misma. Quisiera abrazar la sombra que cargo conmigo todos los días. Quiero aparentar que nada ha ocurrido. Que todo está bien, pero mis ojos ocultan lágrimas, mis páginas han quedado vacías.

Me levanté de la cama y miré por la ventana, la noche iba a la mitad, la luna brillaba en lo alto y las estrellas le hacían compañía. Me sonreí y volví a la cama. Debía lograr descansar lo suficiente para poder seguir al día siguiente; si algo me molestaba era tener que dar explicaciones que las personas no entendían.

Sufro con angustia el silencio que se prolonga en mi recámara, las cicatrices ya no son sensibles, pero cualquier caricia de los recuerdos siempre será áspera.