Ahí estabas… Y fallé

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Un día me cerré a todo sentimiento absurdo que tuviera que ver con el amor, “creí” que así estaría mejor y me haría menos vulnerable a mis emociones, que sería fría y que todas las personas tendrían miedo y desconfianza de mí, que me vería fuerte y segura, independiente y mejor mujer.

Pero fallé… Fallé cuando te vi.

Cuando supe que no podía mantener esa promesa de ser fría y cerrar mi corazón. Entendí que esa persona que quería ser, no era yo, que por más que aparentara no podía hacerlo y que en mi interior me moría por dar todo ese amor que se me negó en el pasado.

No, no fue amor a primera vista, pero siempre hubo algo especial, algo bonito, esa sensación de estar feliz, de estar en paz, de tener a quien contarle tus problemas o simplemente contarle de tu día.

Y ahí estabas. Sonriéndome, y sacándome las sonrisas más bonitas, haciendo que cantara canciones de amor y escribiendo para ti. Ahí estabas como nunca imaginé que serías. Ahí estabas con tu mirada sencilla, con tu manera de hablar y tu gran sentido del humor.

Supe que no podía cerrarme a ti, ni al amor, cuando entendí que teníamos tanto en común, cuando supe que nuestros gustos eran parecidos, que escuchábamos algunas canciones similares y que compartíamos una misma pasión: Leer.

Había encontrado a personas con esa pasión, pero jamás había podido platicar tanto con alguien sobre tantas cosas que también me gustaban; y sí, me gustabas. Eras lindo, y eras bueno, eres ese tipo de hombre que le hubiera gustado a mis papás, ese hombre que no hubieran puesto «pero», ese que me hubiera encantado tener.

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Y no, no me cerré a tu amor, a tus ojos, ni a tus pláticas profundas de la vida. Abrí mi corazón deseando encontrar en ti todo lo que había buscado por años, todo lo que había esperado, quería encontrar mi refugio, mi cómplice y un mejor amigo.

Y no, no fallé, no fallaste, simplemente las cosas no siempre resultan como queremos. No hubo errores, ni siquiera defectos, al menos no pude verlos, no hubo el tiempo suficiente como para darme cuenta que los
tenías. Simplemente las cosas no eran como esperábamos, o al menos como las esperaba.

Fue mi culpa por no enamorarte a tiempo…

Fue mi culpa por no decirte realmente lo que sentía, por callarme por miedo, por cobardía, por dejar que los días pasaran y que tú sólo me vieras como una amiga.

Fue tu culpa por haberte enamorado de alguien más.