Abuela, sonrisas para ti de aquí al cielo

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¿Qué pasó awela? Habíamos quedado en que conocerías a los nietos de mis futuros hijos o al menos permanecerías con nosotros seis décadas más… yo que amaba pensarte eterna, las almas con tanta grandeza como la tuya deberían serlo.

Me resulta más que increíble que tu ciclo en esta vida terminó y tu partida llegó, finalmente sucedió tu encuentro tan deseado y esperado con el amor de tu vida… tu corazón, mi abuelo. me puedo imaginar semejante momento claramente, sólo eso me reconforta el alma al hacerme sentir un poquito más de paz y felicidad por ti, por ustedes.

Dichosa yo que me he ganado otro angelote maravilloso a mi lado eternamente, sin embargo siento que lentamente se apaga una pequeña luz en mi interior, te llevas una parte de mi corazón y tu presencia inigualable. Tú te vas y yo me quedo aquí atada a tremendos  recuerdos: el timbre de tu voz, tu risa, tus palabras, cariños tan particulares, tu mirada y tierna sonrisa grabadas en mi mente y corazón.

El lamentable hecho de que no compartimos más el mismo aire, espacio, techo, ciudad o simplemente este mundo… me resulta aterrador; o quizá me equivoco y sí compartimos el mismo mundo pero no la misma tierra, ¡vaya uno a saber!; sólo sé que me encanta pensar que aunque yo no pueda verte sigues presente, que me ves y caminas a mi lado sujetando mi mano.
Te marchas y yo me quedo con los recuerdos inolvidables, acompañados de vivos sentimientos. Cómo olvidar esas visitas a tu hogar tan cálido donde me acogías y consentías a más no poder como una niña pequeña, siempre preparada para recibirme con alguna merienda y cosas dulces para mí (porque sabías lo mucho que me encanta).
Cómo olvidar tu manera única de cuidar tus plantas y flores con tanta delicadeza y amor; ahora siento que te veo en todas ellas y miro al cielo de otra manera.
No olvido ese sillón «mágico» donde caía en un sueño profundo cuando menos lo pensaba y despertaba sintiendo tu mirada tan tierna en mi rostro, aún escucho en mi mente nuestras charlas tan simpáticas sobre la novela en turno como si realmente las vivieras, pero con más claridad escucho tu voz al decirme «pedacito de mi alma» y contarme aquellas tristes y difíciles anécdotas de tu infancia y juventud, o sobre lo hermoso que fue el amor entre tú y mi abuelo, además de esas bromas tan «pesadas» que decías que él te hacía, aunque para ser sincera no estoy muy segura que realmente te molestaban pues el brillo en tus ojos al narrarlas delataba otra cosa.

Recuerdo tu caminar tan singular después de haber luchado y ganado tantas batallas. Cómo olvidar el roce de tus mejillas, tu delicada y suave  piel y tus manos envejecidas. Temía y me dolía mucho verte envejecer pero también estaba convencida de que era un privilegio negado a muchos. 

Me gusta pensar que sigues viva en este u otro mundo y que una estrella del cielo, la más grande, brilla especialmente para mí. No puedo olvidar nuestra despedida de hasta pronto, tristemente sentía que el final se acercaba ya. Quería abrazarte tan, pero tan fuerte… pero tu cuerpo era muy frágil. Quería decirte lo agradecida que estaba por haber tenido la dicha de tenerte en mi vida y también algunas palabras de despedida pero deseaba más despertar esperanzas, quería que continuaras con esas mismas ganas de vivir, luchar y salir adelante, pero ya estabas muy cansada.
Me rehusaba a aceptar que un día partirías, quería verte con vida a mi regreso todavía, pero tú me decías todo con tu mano sobre la mía, el brillo en tu mirada y tu sonrisa debilitada. Nunca dejaré de extrañarte pero te prometo que por ti seré fuerte, trataré de usar la misma fortaleza que siempre admiré y platico con tanto orgullo, esa misma con la que afrontaste cada adversidad pero sobretodo cada padecimiento; y muy probablemente llegue el día en que aprenda a vivir sin tu presencia. Mientras tanto, ahora me toca a mí esperar nuestro reencuentro.

¡Oye abuela! Aún guardo nuestro secreto. Mi sonrisa será mi fiel acompañante para amortiguar este dolor incesante.Descansa en paz, te amo siempre.

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