Y ahí estaba ella, amando en presente a alguien que estaba amando su pasado…

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Le rompieron el corazón un par de veces, unas dolieron más que otras, pero de todas ellas salió adelante, sonrió de nuevo tras cada lágrima derramada y se retaba una y otra vez volver a amar sin importar el riesgo.

Y ahí estaba ella, amando en presente a alguien que estaba amando su pasado, a alguien que decía estar a su lado cuando no soltaba su ayer, intentando sentir lo mismo por ella; pero no eran suficiente esas tardes de risas,  esos besos sinceros y llenos de todo su amor, no era suficiente para él su presencia para arrancar lo que no podía salir del corazón, de sus recuerdos y de sus ganas por volver a estar allá.

No era su culpa no sentir lo mismo que experimentó antes, en realidad no era culpa de nadie, porque ella sabía amar aun en medio de todo, y él no sabía olvidar lo que nunca ha perdonado, lo que nunca ha superado, lo que nunca se arrancó del alma antes de volver a comenzar.

Después de todo, a un corazón no se le exige sentir lo que no puede, no se le pide amar como ha amado antes, después de todo si ella lo amaba en su presente podía dejarlo de amar en su futuro. Ahí estaba en el lugar que decidió estar y aun cuando su amor era más grande que sus ganas de renunciar, se marchó y  no por cobardía, se fue por DIGNIDAD,  porque antes que él y su pasado, estaba ella y su presente, con un futuro que prometía ser mejor.

No le exigió más amor, tampoco besos, ni noches de placer, no pidió nada de él y mucho menos esperó que la detuviera tras salir de aquel lugar en donde ella sí experimentó los mejores momentos. No se detuvo para mirarle por última vez, aunque lo que menos deseaba era dejar de mirarlo; contó los pasos que la llevaban a la libertad una vez más, a la decepción que sentiría las noches siguientes, a las preguntas interminables de: ¿Por qué no permanecen a mi lado? Caminó por aquel pasillo que parecía no tener fin.

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La miró partir y al mismo tiempo la vio llegar a su vida, no comprendía lo que sucedía, un deja vù quizás y fue en ese momento cuando tuvo que tomar una decisión: ¿Dejar ir su presente y su futuro?, ¿abandonar su pasado o permanecer por siempre sin saber que quizá tras aquella partida estaba lo que nunca encontró en ese ayer?

Fueron los segundos más largos de ambos y entonces… -¿Qué harás ahora?- preguntó, su voz la detuvo un instante y con una mirada respondió:

 Ser feliz… ¿Y tú?