Frente a ti. Frente a ese rostro bello e intimidante, hay cos..." /> Una perversa noche – El Acorazado

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Publicado en noviembre 18th, 2015 | by Edith Neri

Una perversa noche


Frente a ti. Frente a ese rostro bello e intimidante, hay cosas a las que no quiero hacer frente; a tu inquisitiva y penetrante mirada, a tus labios exquisitos, al tacto sutil de tus manos, a tu control y a ese cuerpo tuyo que se apodera del mío cuando me tomas, cuando soy de ti.

Me muerdo los labios. Entre el cuerpo que tiembla de nervios y miedo. Miedo inminente al no poder escapar de esa habitación y no poder verte. Con los ojos vendados, con las manos atadas, con el cuerpo desnudo. Me muerdo los labios y me pregunto mil veces cómo llegué a esa situación. Cómo accedí a esta perversión tuya, o mía; cómo saberlo si despertaste mis demonios. El ambiente un tanto frío por el aire que se cuela por las rendijas de la ventana. Tu voz poderosa y demandante que de ser aquella voz tierna que usualmente endulzan mis oídos, es entonces fuerte y áspera. Tu actitud frívola. Hincada, frente a ti. Sin verte, siento tu aroma, tus manos tocando mi piel desnuda. Tus brazos rodeando mi cintura que me hace creer por un instante que será un abrazo dulce. Y puedo sentir el roce de tu saco, tu olor, un beso suave en la mejilla y una nalgada, fuerte, firme y otra y otra… Otra.

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Duele, pero en el dolor hay placer, implícito y exquisito. Arde, pero es gozo. Y tu voz sigue intestada de rudeza y poder, dominante cual juego sexual hemos jugado. Mis manos atadas, no puedo verte, no puedo tocarte. Me tumbas suavemente a la cama, puedo sentir un objeto duro y frío que roza mi cuerpo. Despacio lo haces recorrer mi cuerpo y mi piel. La respiración se acelera, el corazón se sale del pecho, mi temor desmedido aunado a tu lujuria y mi libido. ¡Qué más da otro dolor placentero!

Y el primer golpe vibra, el cuerpo, el alma, el ser. Miedo, placer, tú. Uno y otro por todo el cuerpo. No sé si pedir tregua o terminar en un clímax. Te posas sobre mí, me quiero soltar, quiero tocarte. Me quitas la tela que tapa mi vista y puedo verte sobre mí y sintiendo tus embates, tu fuerza desmedida y tu placer exhibido. Entre tu poderío puedo ver tus ojos perdidos enamorados de mí. Dices algo que no escucho bien, me sueltas las manos y me dices “Abrázame”. Digo tu nombre… El final feliz llega.

Cae tu cuerpo sobre el mío. Cansado e inundado de placer. Me abrazas tiernamente. Me protegen tus brazos. Me rodean tus besos y tu cuerpo bello y sereno.

Una rosa y tú, una perversa noche.




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