Una historia de año nuevo

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Ella era sensible, algo inestable, o más bien, muy inestable; apasionada, a veces tan tímida y a veces tan loca, celosa, con un amor impresionante a hacer el ridículo, a hacer que la gente se riera de ella. Cuando comenzó el año, no podía pedir más, ella no se daba cuenta de que lo tenía todo, pero se sentía feliz, sentada en la sala de su casa, en pijama y viendo películas, así fue cómo comenzó el año que le cambiaría todo…

Regresaba de uno de los mejores viajes de su vida, junto con su familia, por lo que estaban cansados como para salir en año nuevo, pero ella no pedía más, sonaron las 12 y todos se abrazaron, eran muy felices, ella esperaba el mensaje del chico al que tanto quería y a las 12:15 lo recibió, tal cual o mejor de lo que esperaba, no eran novios, pero ella lo quería como si lo fueran. Pasaron los días y volvió a su trabajo, donde con ansias la habían extrañado tanto y ella a ellos, claro está, se sentía feliz de ver cómo la recibían con los brazos abiertos, sentía una felicidad que ella no sabía explicar, al saber que alguien la esperaba, no era el trabajo de sus sueños, pero eran las personas que ella había elegido para querer tanto. Era algo aburrida la víspera de Enero, ya que nadie tenía dinero para gastar, pero ella feliz de poder platicar con sus amigos mientras no hubiera mucho trabajo qué hacer.

Pasaron los días y llegó Febrero, su celular estaba algo descompuesto, por lo que decidió comprar otro y por la emoción de estrenarlo, en camino a su trabajo, tuvo un accidente en su coche que le costaría 3 semanas de no poder trabajar, regaños interminables de sus padres, y, bueno, un celular nuevo. Lo que ella no sabía era lo bonitas que serían esas tres semanas, a pesar de tener collarín, salía, se divertía, se cortó el cabello; en fin, eran vacaciones para ella, pero poco a poco descuidó la escuela con el pretexto de su cuello esguinzado, tuvo el mejor día de san Valentín de su vida, a escondidas de sus padres, que no sabían que salía con este chico; pasaban los días y sentía que era más fácil salir a divertirse si le decía mentiras a sus papás, así que así fue…
Ella y su hermana se valían de muchas armas para salir de su casa sin que nadie se diera cuenta, o creyeran que estaban en la escuela o el trabajo. Tenían planeado un viaje para semana Santa, en el cual sus padres las habían dejado ir sólo con la condición de irse juntas, lo que ellas aceptaron, pero no era verdad. Unos días antes de tan esperado viaje, decidieron salir cada quien por su parte y decir que estaban juntas; pero, ¡oh sorpresa! Que llegaron a horas diferentes y sus padres se dieron cuenta, por lo que les prohibieron su viaje de semana santa.
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Después de mucho meditarlo, decidieron irse de todos modos, a pesar de las incontables amenazas de su mamá de correrlas de la casa si lo hacían. A las cuatro de la mañana y sintiéndose como delincuentes, se salieron por donde pudieron de su casa para irse a una nueva aventura; se la pasó muy bien, aunque muchas veces al día la asaltaba la idea de saber que sus papás estaban preocupados y muy enojados, iba con su chico y sus amigos, fue muy divertido, conoció gente y pasó muchas cosas. Hubo problemas claro, pero nada que no pudiera solucionarse, aunque uno de los chicos que iba, llamó especialmente su atención.
Regresó del viaje y los problemas en su casa, el miedo de estar ahí, el terror cada que volvía, se hicieron presentes, después de mucho hablar con sus padres, se quedaron en casa, pero las cosas eran horribles, ya no tenían carro y había que caminar mucho para tomar un camión, no podían salir que no fuera al trabajo o la escuela, no había confianza, no había alegría, no había nada. Su chico se había ido, la había dejado porque no podía darle lo que ella pedía: “ser novios”.
Un día después de un enfrentamiento con su mamá, decidió irse de su casa, a casa de una de sus mejores amigas, cuando salió, sus papás estaban en la puerta y después de hablar con ella y decirle cosas buenas y malas, la mandaron a su cuarto a que pensara sobre su vida, que según ellos, estaba arruinada y seguiría en declive. Lo que sus padres no sabían, era que ella estaba en depresión, que no soportaba su vida en ese momento, que sentía que lo había perdido todo, que nadie la quería, que su chico no la había tomado en serio, que sus papás ya no la querían, incluso sentía que todos estarían mejor sin ella, no se dieron cuenta que encerrarla y dejarla pensar, sería la peor idea. Después de llorar largo y tendido, de pensar muchas veces que su vida era una basura, recordó que hacía unas semanas se había enfermado y tenía pastillas, muchas pastillas en su mesa de dormir… Sin pensarlo mucho, decidió terminar con todo.
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Se tomó todas las pastillas que había en el cajón y aún no terminaba de pasárselas, cuando se dio cuenta de que no quería morir, quería morir, pero no matarse, quería morir, pero quería aún más a su mamá y no podía hacerle eso; entonces salió corriendo de su cuarto, llorando y cuando encontró a su mamá, sólo pudo decirle: “Sálvame, no me quiero morir”, después de un rato que la mamá entendió todo, la llevó al baño y le dio mil cosas para hacerla vomitar, pero ella no podía… O no quería. Después de vomitar, se durmió un rato, aunque no dejaba de llorar y escuchaba que sus papás hacían llamadas a gente extraña; después de un rato, su mamá se acercó para decirle que una psicóloga y un psiquiatra los recibirían ese día.

Consultas de cuatro horas, medicinas día y noche, abandono de la escuela y cara de plato lavado, era su nueva vida, sus días sobreviviendo, las medicinas la hacían no sentir nada y no le gustaba eso, en su trabajo casi la despedían por su poca expresión y que las medicinas la hacían tener sueño todo el día, pero poco a poco, con el paso de los días, fue mejorando, perdió el semestre, pero ahora la esperanza de estar bien había vuelto. Poco a poco iba mejorando, aunque su vida seguía en sube y baja, tuvo una reunión con amigos de hacía mucho tiempo y se sentía tan fuera de lugar, que las ganas de llorar, vomitar y salir corriendo, regresaron.
Con el paso de los meses, sus padres decidieron separarse, y en poco tiempo, ya vivían en un pequeño departamento, los problemas con su mamá comenzaron a ser mayores, al borde de insoportables.
Seguían pasando los días y a ratos lograba sentirse “normal”, a ratos volvían sus pocas ganas de vivir, sus piquetes de estómago que la hacían despertar a media noche con ganas de llorar y gritar, pero también, poco a poco, fueron desapareciendo y su vida parecía estar mejor, también su relación familiar y sus papás parecían estar mejor, aunque el departamento ya no parecía mala idea.

Trataba de salir con nuevos chicos, pero parecía que no podía, se sentía incapaz, le echaba ganas a la escuela, inclusiva parecía comenzar a gustarle, pasaron los meses y todo se sentía “normal”.
Sus papás decidieron hacer un viaje a la playa, lo que a ella le emocionó mucho, se quedarían solas un fin de semana, y lo mejor, ella tendría la camioneta de su mamá los tres días, así que decidió ir a comer, en el camino a su comida, se perdió y en un intento desesperado por volver a la calle inicial, tuvo otro accidente, pero este fue aún mucho peor que el primero, ya que hubo sangre y la detuvieron; sus papás estaban lejos, ella creía que había matado a alguien, algo dentro de ella se sintió tan aterrorizado que no podía, no sabía qué hacer, la subieron a una patrulla con sirenas, la llevaron a una celda, vacía, sola, oscura y fría, donde pasó muchas horas, que parecían días, sin nada qué hacer, nadie con quién hablar, lo único que podía hacer era llorar y dormir. Casi dos días en su pequeño infierno, salió y toda su familia la esperaba, pero ella no podía soportar ni que la tocaran, cada que recordaba algo, se le rompía la voz, tardó meses en poderse subir a un carro sin sentir tanto miedo, sin recordar…
Pasaron los meses y las cosas en su trabajo comenzaron a ponerse feas, llevaba mucho tiempo y sentía que no la iban a correr, pero podían hacer cosas para que ella se fuera y por lo que en la víspera de navidad, trabajar ahí se volvía insoportable, sus amigas ya no trabajan ahí, cada error valía más que muchos aciertos, las amenazas de todo no paraban; así que, una semana antes de navidad, después de días de malos sabores de boca, amenazas y enfrentamientos, decidió renunciar, extrañaría tanto, pero en el fondo ella sabía que ya no era feliz.
Los últimos días del año fueron un suplicio, sin nada qué hacer, sola  y como ella lo llamaba: «sin amigos, sin novio, sin dinero, sin trabajo». Sentía que se había quedado sin nada, pero moría de ganas porque se terminara el año, por un lado se sentía vacía, sentía literalmente que no tenía nada, pero por el otro lado…

No tener nada era un buen comienzo de año, para comenzar de cero… ¿No?