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Publicado en octubre 24th, 2016 | by Judith Amarista

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Una fría noche de octubre sin ti

Subí buscando un cielo lleno de estrellas en esta noche fría y queriendo únicamente alejar mi mente de este mundo, pero me fue imposible lograrlo. El cielo estaba completamente oscuro y vacío de ellas, pedí una señal y fue en ese instante que me pude percatar de que tampoco había luna.

Sólo corría aire frío y fue congelando centímetro a centímetro cada parte de mi piel, helando mi cabeza, pero nunca dejaste de estar presente en mis pensamientos más recurrentes.

Recordé cada día, desde el primero hasta el último, cada alegría, cada enojo, cada llanto… porque amar incluye todas estas emociones, pero ahora todo se había juntado; todo lo sentía al mismo tiempo, lo que me hacía enloquecer un poco, he de confesar.

Volví a vivir cada beso, cada abrazo, cada caricia… ya no sé si fue el frío el que hacía que se erizara mi piel o eran tantos recuerdos juntos.

De pronto una lágrima recorrió mi mejilla, la dejé fluir, no traté de ocultarla… total no hay nadie que me pueda juzgar. Volví a hacer memoria y me encontré recordando todas las palabras dichas, las promesas cumplidas, los te amo intercambiados cada día, cada noche de todo este tiempo compartido.

Así como también las discusiones, las promesas rotas, las mentiras dichas, las verdades descubiertas. De pronto ya no era una lágrima, eran varias… me he convertido en un manojo de emociones. Sobre todo con los últimos encuentros donde mis labios mendigaron tus besos por un momento, cuando antes eso era lo que más había entre nosotros.

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Recuerdo la conexión piel con piel que nos profesábamos y, de repente y sin previo aviso evitaste tener contacto físico conmigo, me dolió mucho… cada una de tus palabras se clavaban como un cuchillo en mi piel. Y al final cuando decidiste que necesitábamos darnos un tiempo fue lo que remató lo que venía siendo una de las peores torturas para mí. Todo esto no ha estado en nuestras manos, todo se nos salió de control.

Tanto amor que jamás había sentido por nadie más se quedó ahí, estancado en mí… ya no va a fluir, sólo se quedará estático sin ti.

Empieza a soplar más fuerte el viento, lo escucho hablarme al oído, secando mis lágrimas, dando paso a otras más frescas y así sucesivamente. Me doy cuenta de que la noche será larga, no encontré nunca una estrella, mucho menos la luna… sólo me quedé allí arriba con el aire envolviendo mis sentidos, mi corazón desconsolado y mis lágrimas más vivas que nunca antes, así como todos mis recuerdos de lo que ha sido lo mejor de mi vida; pero también lo más doloroso que me ha pasado y no logro superar.

Sí, te amo más que a mi vida, pero no puedo enfrentar esto tan sola, tan vacía, tan… sin ti. Tú, el amor de mi vida, y ahora sólo me queda el viento que intento escuchar con detenimiento por si me llega a traer alguna noticia tuya…

porque sólo así puedo saber de ti.



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