Tratando de vivir sin tu presencia

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Hay
días, que no puedo sacarte de mí. Haga lo que haga o me intente distraer como
pueda, estás. No te marchas. Te veo en todas partes y te siento cerca, como si
me siguieras. Como si jugaras a perseguirme, como un espíritu que vaga. Ahí
sigues. Sin querer marcharte del todo. Ni siquiera sé por qué no te has ido. Porqué
te empeñas en revolotear sobre mi cabeza como una mariposa encantada. No sé por
qué no te vas. Porqué todavía creo en ti, porqué te sueño cada noche, o porqué
no me dejas dormir. No lo sé. Sé que te amé. Te amé diferente. Lenta y
pausadamente, como nunca había hecho antes. Te amé dulce pero amargamente. Te
amé ciega pero prudente. Te amé libre pero sumisa.

Me
voy a pasear y te veo. Te veo en esa terraza, hablándome, mientras trato de
encender un cigarro y hacer como que no me importa lo que dices. Dejándote
decir, tratando de calmar esa especie de sufrimiento e ira que me causan tus
palabras, pero no funciona. Y sigo acumulando esa angustia en mi interior.
Trato de subir el volumen de la música para no escuchar mis pensamientos; para
no escucharte a ti. Pero tampoco sirve de nada. Me intento acostar y siento
como si tu presencia todavía estuviera allí. Me voy al salón y te veo en ese
sofá, con mi manta, mi mejor manta, la que nunca dejé a nadie. Sólo a ti, y la
que dejaste prendada con tu olor, ese olor que me invade por las noches y me
hace llorar en secreto. Y duermes, tan tranquilo, con un rostro tan sereno tan
perfecto, y me entran esas ganas desenfrenadas de besarte, de pedirte que no te
vayas nunca.

Insistes
en no marcharte, en quedarte allí y ya no sé qué hacer. Algo muy profundo en mi
interior no quiere perder la esperanza, grita, que quizás, algún día, volverás.
Pero mi consciencia se niega a aceptarlo. No puede. Sabe que no lo harás.
Después de irte como te fuiste, sé que no. Y a pesar de eso, no dejo de seguir
tus huellas, de cazar tus pasos, de buscar tu rastro. No puedo evitarlo. Es
algo que está en mí. Y vuelvo al pasado, a esa noche que se derramaron tantas
lágrimas, tantas que quizás se hubiera podido llenar la bañera que tenía al
lado. Nadie sabía la verdad de todo aquello. Nadie sabía que ya no merecía la
pena seguir allí, continuar con esa tortura. Con ese amor que me estaba
arruinando la existencia. Aún dudo que supieras que esas lágrimas no te
pertenecían sólo a ti. Únicamente sé que me dejaste en la nada, que ni tan solo
trataste de arreglarlo, y eso se quedó grabado en mi mente.

He
probado de sustituirte miles de veces, y nadie puede comparase a ti, nadie
puede complacerme porque sólo te quiero a ti. Al fin y al cabo no eras nada
fuera de lo común, pero eras especial; Tenías ese don para encantarme tanto.
Algo que no sabría describir; esa mezcla de una mente prodigiosa, sabia y culta,
junto a una mirada intensa, unos labios de fuego y un cuerpo omnipotente.
Poseías unas características exclusivas que nunca había visto y que me
aprisionaron por completo. Y eso me ahoga por dentro, y se convierte en mi
agonía. Te extraño tanto, extraño tanto tu labia, tu sonrisa, tus ojos de
carbón, tus finas y delicadas manos, extraño tanto todo tu ser. Me he dado
cuenta de que no sé vivir sin ti, que de un modo u otro siempre termino
tratando de encontrarte otra vez. Ya no sé qué hacer. No sé cómo escapar. Cómo
hacer que desaparezcas, que dejes de acorralar mi mente. No existe forma de
salir, de que te vayas de una vez. A veces incluso estoy tentada de hablarte,
de preguntarte por esa “amistad” que decías que no querías perder nunca, de
preguntarte por ese amor que decías sentir y que nunca fue cierto, de
preguntarte que clase de provocación mía fue la que te empujó a cometer tal
delito, a donde querías llegar, a cuestionarte hasta qué punto llegaba ese “me
gustas” y por qué si era tan genial, me dejaste ir así, como si nada de aquello
tuviera ningún valor, como si todo hubiese sido una impostura; una gran farsa.
Así y todo, no lo hago, no lo hago porque he perdido mi dignidad demasiadas
veces, porque ya me he dejado humillar suficiente, porque ya me han usado
bastante, porque merezco ser feliz, porque ya he derrochado todas las lágrimas
que cabían en mis ojos, porque ya he perdido lo necesario, ahora me toca ganar.
Quiero escaparme. Dejarte atrás. Huir de ti; vivir. tan sólo vivir.