Comúnmente aparecen historias de mujeres, a quienes por dive..." /> Soy hombre y a mí también me rompieron el corazón… – El Acorazado

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Publicado en noviembre 15th, 2015 | by Emily Urrejola

Soy hombre y a mí también me rompieron el corazón…


Comúnmente aparecen historias de mujeres, a quienes por diversas circunstancias de la vida les han roto el corazón y por ese simple hecho, todos los hombres quedamos inmediatamente convertidos en los traidores, en los infieles, en los sin corazón, en los que no viven de recuerdos; en simples palabras, pasamos de ser el amor de sus vidas, a ser la peor de las invenciones compuestos de apariencias y sin existencia de sentimientos.

Pero, queridas lectoras: ¿Se han preguntado alguna vez qué pasa con nosotros cuando alguien como ustedes, con buenas o malas intenciones nos rompe el corazón? ¿Se han preguntado si nosotros al igual que ustedes apagamos nuestros días ahogados en un tristeza rotunda que no nos quiere abandonar? ¿Se han preguntado lo que nos pasa cuando repentinamente nos abandonan y quedamos sin nuestro mundo, el cual ustedes lo conformaban por completo? ¿Se han preguntado alguna vez lo triste que son sentimos porque la soledad es nuestra fiel compañera?

Finalmente… ¿Se han preguntado alguna vez lo difícil que es vivir en un mundo de superficialidades, por el simple hecho de que comúnmente se piensa que los hombres no lloran y por lo tanto debemos fingir que nada nos importa y que nada nos afecta?

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Para ti mujer, que estás leyendo estas líneas, quiero decirte que sí sufro, quizá igual o mucho más que tú; sufro en silencio y es el doble de doloroso, porque eres hombre y debes responder cordialmente que siempre te encuentras bien, que eres el macho que no le importa vivir de ausencias y que no te duele aquel inesperado adiós de la única mujer que amaste en la vida.

Es que justamente ese es el problema, los hombres y aunque ustedes no lo crean, estamos llenos de sentimientos y esperamos en un día especial convertirnos en aquel que ustedes denominan príncipes de nuestra mujer especial, aquella que se convierta en nuestra fiel compañía, estructurando y ordenando nuestro complejo mundo; aquél que sin amor verdadero se derrumba día tras día sin mediar en las consecuencias.

El día que me rompieron el corazón, ese momento en que llegue a casa y leí la pequeña carta que decía: “Hasta aquí hemos llegado… No podemos seguir en esta absurda rutina… Espero que seas muy feliz y por favor no vuelvas a buscarme, ya nos hemos hecho bastante daño”. Y a lado se encontraba aquel anillo, señal del compromiso que un día juramos para toda la vida.

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Cuando acabé de leer no supe qué hacer, estaba paralizado con un rotundo miedo de no volverte a ver más, seguí buscando tus cosas y al no encontrarlas comenzaba a comprender que no era una broma del destino, era simplemente de aquellos episodios que nos marcan en la vida y para los cuales lo único que queda por hacer es sentarse en el suelo de la habitación y llorar hasta dormir, sin importar nada más…

Cuando te fuiste intenté llamarte mil veces, de verdad necesitaba una respuesta, una explicación que me ayudara a continuar, pero tu teléfono sonaba sin cesar y no había noticias tuyas, decidí llamar a mis amigos e inmediatamente me invitaron a beber y olvidar; claramente no acepté la oferta, ni siquiera podía soportar el peso de las lágrimas en mi estómago y menos podría soportar beber una cerveza. Y sabes, nadie vino, nadie llegó; es que dolorosamente soy hombre y como tal todo el mundo piensa que no sufro, que no lloro, que no me hago añicos con los recuerdos, soy hombre y no tengo sentimientos.

Así pasaron los días y al no tener con quién poder sufrir, tuve que hacerlo en silencio, en la compañía de una botella de licor que comprendía el dolor por el cual estaba atravesando; también decidí que salir de rumbo me ayudaría, sinceramente creí que reemplazar tu cuerpo en noches de lujuria con otras mujeres, me ayudaría a olvidarte y fue eso efectivamente lo que me dediqué a hacer.

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Al pasar un mes, pude comprender lo equivocado que estaba, entendí que si bien soy hombre, estaba sufriendo mucho y necesitaba poder desahogarme y llorar, sin importar que me vieran, sin importar que algún otro se pudiera burlar porque demostraba mis sentimientos.

Así fueron pasando los días, las semanas y los meses, tú nunca más regresaste y me dolió tanto que al igual como tú, nunca más te acordaste de mí, yo nunca más me volví a enamorar de nadie, conservando la pequeña ilusión de que un buen día regresarías… Hasta ese momento continuaba sufriendo, tratando de aparentar que nada sucedía, continuando con la gran hipocresía de que ser hombre es sinónimo de ausencia de sentimientos.

Hoy, han transcurrido diez años y aún te espero… Te puedo asegurar que nunca más me podré enamorar de nadie, he tenido parejas pero jamás volví a sentir lo mismo por otra, aún espero poder devolverte aquel anillo y que nos unamos en aquel altar por un periodo infinito… Aún espero poder despertar y ver tu sonrisa a mi lado, aquella que ordenaba mi mundo y me demostraba que la vida es maravillosa.

Al final de mi vida, quiero decirte que soy hombre y sufro al igual que tú, nunca pude repararme de tu despedida repentina, finalmente:

Nunca más pude volver a sentirme enamorado y confiar mi futuro a otra mujer que no fueras tú.




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